Le dicen la joya de la corona. Es poliédrica, desigual, tradicionalista, harto conservadora y hasta moderna. También se le considera la capital económica y cultural del sureste de México, así como el corazón de las batallas cívico-políticas del pueblo yucateco.

Resido en Mérida desde hace 58 años, cuando por razones económicas mi familia campesina tuvo que abandonar mi villa natal Hoctún, que siempre ha vivido bajo el manto protector de su patrono San Miguel Arcángel.

Como es obvio, me identifico plenamente con nuestra bella y paradójica ciudad capital; con sus espléndidos parques, barrios antiguos, iglesias, avenidas, y con las múltiples expresiones de su arte y su cultura.

Como le ha ocurrido a muchas personas, me ha sorprendido sobremanera el impetuoso crecimiento poblacional de Mérida, así como su dinámico y disforme desarrollo económico, urbano y cultural, circunstancia que le está dando día tras día un cierto carácter cosmopolita.

Pero tampoco idealizo a Mérida, como suelen hacer convenencieramente sus élites sociales y los gobernantes a su servicio. Sin lugar a dudas, nuestra capital es una ciudad racista, discriminatoria y altamente fragmentada en lo económico y social.

Con sus casi un millón de habitantes, nuestra capital se encuentra dividida en varias Méridas: el norte opulento, pujante y siempre embarazado de altísimas plusvalías; el poniente paradójicamente fragmentado en disímbolos estratos económico-sociales; el oriente y el sur marcadamente abandonados por los gobiernos del Prian, amén de la burda segregación con que se trata a sus decenas de comisarías, que son innegables reservorios de energías, valores y tradiciones culturales.

Y por si lo anterior fuese poco, debe enfatizarse que Mérida está en las manos de una insaciable mafia inmobiliaria que, en complicidad con los gobernantes en turno, la ha llevado a una situación de grave crisis social y ambiental que todos padecemos.

Estas evocaciones sobre la otrora ciudad de las veletas vienen al caso con motivo de las próximas elecciones concurrentes a celebrarse el 2 de junio de 2024.

Independientemente de que ha llegado la hora de hacer un balance crítico sobre los resultados que han tenido las gestiones panistas en el estado y en nuestra capital en particular, es un hecho plausible que mucho del futuro de Mérida también se jugará en las próximas elecciones.

Es deseable que en la inminente batalla por Mérida se presenten diferentes proyectos de desarrollo municipal que puedan ser contrastados críticamente por la ciudadanía, a fin de que ésta pueda orientar de manera consciente el sentido que le dará a sus votos.

En esta tesitura, lo que queremos señalar aquí es la forma en que se configurará la disputa por Mérida, toda vez que en los tiempos de la 4T se está produciendo un cambio en la correlación de fuerzas económicas, políticas y sociales de la entidad, cambio que es probable se refleje también en el ámbito de nuestra capital y de la vasta zona metropolitana cuyo eje polar es la propia Mérida.

Debido a que el PRI carece a todas luces de cartas presentables y competitivas para dar la lucha por Mérida, salta la interrogante sobre el candidato o candidata que seleccionará Morena para hacerle frente a la diputada federal Cecilia Patrón Laviada, virtual abanderada del PAN a la alcaldía meridana.

Al respecto, se manejó hasta hace poco que el expriista, expanista y ahora morenista Rommel Pacheco Marrufo iba a ser postulado por las cúpulas de Morena como candidato guinda al Ayuntamiento de Mérida. Sin embargo, ocurre que su desastrosa presentación en el evento celebrado el 13 de octubre en Valladolid con la presencia de Claudia Sheinbaum, ha hecho que bajen enormemente los bonos del clavadista sin medalla olímpica en los primeros círculos de Morena.

La otra “carta fuerte” para la alcaldía de Mérida —impulsada por el transfuguismo sin principios que parece inundar a Morena en Yucatán— es nada menos que la senadora expriista y expevemista Verónica Camino Farjat, quien tiene escasas posibilidades de ganar la encuesta interna para la candidatura a gobernador.

Sin embargo, muchos morenistas y ciudadanos en general recuerdan el pobre papel jugado por Verónica Camino cuando fue candidata al Ayuntamiento de Mérida en 2021, elecciones en las que quedó en tercer lugar, obteniendo apenas el 22 por ciento de la votación.

Así las cosas, si por sentido común quedan descartados Rommel Pacheco y Verónica Camino para la alcaldía de Mérida, queda entonces la figura fresca y competitiva del joven abogado Óscar Brito Zapata, quien fue paciente y tesonero fundador de Morena en Yucatán.

Sin embargo, todo parece indicar que Brito se volverá a postular como candidato para diputado federal por el III distrito con cabecera en Mérida, demarcación en la que el morenista perdió por menos de 2 mil votos ante el entonces candidato del PAN Rommel Pacheco.

Como puede colegirse, Morena tiene el formidable desafío de seleccionar a un candidato o candidata para Mérida que sea ampliamente conocido, con amplia solvencia política y moral en las filas morenistas, y que genere altas expectativas de triunfo frente a Cecilia Patrón Laviada.

Por lo demás, en los tiempos de intensos cambios que vivimos creemos que los tres periodos de Renán Barrera como alcalde de Mérida no son garantía de triunfo para la abanderada panista. Tampoco le alcanzarán las cifras si continúa con sus estrategias mediáticas en las que simula vacunar gatos, pintar fachadas o chapear los frentes de las viviendas populares.

En resumen, en los tiempos de la 4T tanto Yucatán como nuestra capital son verdaderas monedas al aire en la actual disputa por el poder. Al tiempo.— Mérida, Yucatán

canek_1999@yahoo.com.mx

Doctor en Educación. Exdirector de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán

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