Robar tiene que haber sido una constante en la historia de la humanidad. Ya en el libro del Éxodo en esos increíbles 10 Mandamientos en la Tabla de Moisés, que sirven al hombre para ser mejor y vivir con sus semejantes, y son tan actuales y tan actuantes hoy como en los tiempos del Antiguo Testamento, se afirma “NO ROBARÁS”, que prohíbe tomar el bien del prójimo injustamente y perjudicarlo de cualquier manera en sus bienes.
Hace muchos años que tengo esta inquietud mental, psicológica, emocional: me absorbe y preocupa la actitud de políticos, familiares, personas comunes del diario quehacer, que simplemente: ROBAN. He pensado que es esta mezcla de razas la que ha influido para aumentar esta horrible tendencia.
Porque por lo general y como siempre, con sus honrosas excepciones, te roba el electricista, el tendero, el jardinero, el que te sirve. Recuerdo cuando leí “Sinuhé, el egipcio” hace mil años, que cuando acusan a su esclavo Keptha de que robaba, él contesta: “El que no tiene suficiente para que le roben, no debe tener esclavos”, de manera que, en Mexico, el que puede roba, pero, en especial los políticos, que como siempre digo, debe haber sus honrosas excepciones.
Yo no las conozco para mi desgracia, todavía. Un político muy bueno que era mi amigo y ya falleció me decía hasta riéndose: Tu no lo entiendes, pero es nuestro “de por sí”, hay que robar algo, el cocinero roba comida, el velador de un super, todo lo que pueda coger sin que se note, los soldados se llevan las balas, personas roban la luz con diablitos, la señal de cable del vecino, la gasolina ni qué decir, aunque no despegues los ojos del medidor.
Y ni hablar de robos mayores y especializados, automóviles, celulares, tablets, ropa, desfalcos, robo hormiga en tiendas departamentales… ¿Y para qué sigo? La lista puede ser interminable y me voy a entristecer.
Ahora, la manera de robar del político mexicano es de antología, todos hemos oído los chistes que nos hacen reír mucho, sobre constructoras o negocios en los que hay un alemán, un americano y un mexicano, y cómo los mexicanos, hasta pícaramente, hacen polvo los presupuestos y los vacían todos en su beneficio y sus bolsillos sin fondo.
Porque nosotros sabemos reírnos de nuestra desgracia y burlarnos de lo que nos duele. ¿Acaso no hemos hecho un arte extraordinario e increíble de la muerte con sus fantásticas catrinas, versos y cantos maravillosos que forman parte de nuestra cultura y tradición?
Desde niña oí repetir aquello de “No le pido a Dios que me dé sino que me ponga donde hay”, ese es el origen de los delincuentes de cuello blanco. Mientras más alto el cargo, más inmensamente grande el robo. Sin tentarse el corazón, sin un solo temblor de la mano. Sin el más mínimo rubor y la más descarada de las desvergüenzas. Los conocemos elegantemente como “delincuentes de cuello blanco”.
En México tenemos que considerar la falta de control en el financiamiento para las campañas. Presidentes, legisladores, alcaldes, regidores, lo he dicho ya, pero lo repito: el último comisario del pueblito más pequeño y pobre de Yucatán, roba a mano armada, despoja a los que lo eligieron, a sus seguidores, de tierras que les pertenecen, confabulándose con tinterillos de quinta, que se dicen abogados y son tan ladrones y tramposos como ellos.
No hay control en el financiamiento electoral. Les dan tanto dinero para sus campañas, que enloquecen, el exceso de efectivo enloquece a las personas, “y tras el bocado entró Satán”. Esto en referencia a las 30 monedas de plata por las que Judas vendió a su Maestro.
El costo de las campañas electorales es muy alto; eso implica que tanto partidos como candidatos desarrollen una voracidad increíble peleándose por todos los cargos posibles. Añada usted a los empresarios patrocinadores que jalarán agua para su molino.
Y pare usted de contar. “La corrupción y los malos manejos del país nos cuestan casi 248 mil millones de pesos, con este dinero nos podríamos despedir de los gasolinazos”.
De acuerdo con el IPC, realizado por Transparencia Internacional, México pasó a ocupar de la posición 130 (2019) a la 124 (2020) entre los 180 países evaluados, ubicando al país a la par de naciones como Bolivia, Kenia, Kirguistán y Paquistán y por encima de Azerbaiyán, Gabón, Malaui, Mali y Rusia. ¡Acabáramos!
Claramente se puede apreciar que carecemos de fortaleza institucional. “Los políticos del Estado de México son los más ladrones del país: López Obrador “dixit“, así se expresó el primer dignatario de la Nación en 2016. Hace 7 años. Cuando era presidente nacional de Morena. Cuando denunciaba y denunciaba siempre, y todo el tiempo.
Todo ha cambiado, ciertamente. ¿Estamos de acuerdo? El reverso de la medalla. Y continuaba: “Cuánto dinero de los Del Mazo; dinero malhabido de Montiel, de Peña Nieto… se dedican a saquear, a robar, ese es el problema”.
“Hay un problema muy grande de inseguridad, por la corrupción, porque la banda que más roba es de los gobernantes”. Tenía y tiene al día de hoy toda la razón. ¡Imposible contradecirlo!
Tengo que decir que en Yucatán sí denunciamos. Central 9 del Diario de Yucatán, constantemente expone los robos, trampas y latrocinios imposibles de empresarios, políticos, y “adlateres” corifeos (personas subordinadas y que acompañan a otra que parecen inseparables, léase “cómplices”).
La mafia inmobiliaria, los programas de subsidio y atención a las comunidades, los sucios manejos de empresas fantasmas que despluman al erario de los presupuestos que pertenecen a los más desfavorecidos de la sociedad. Toda denuncia termina en oídos sordos y palabras huecas.
¿Cómo podremos avanzar y acabar con la pobreza, si los manos largas en contubernio con políticos, y protegidos por una aberrante corrupción y salvaje impunidad, se pasean libremente ostentando toda la riqueza que han adquirido a través del poder fincado en la protección incondicional de los que están mas arriba? Allá en las verdaderas alturas.
Cicerón nace a finales del siglo II a.n.e., concretamente en el año 106, en Arpino y en el seno de una familia acaudalada de origen plebeyo. Su vida se desarrolla durante el siglo I a.n.e., muriendo en el año 43, antes de la caída de la República y el subsiguiente período imperial. Parece que nada ha cambiado, y que sigue no habiendo algo nuevo bajo el sol.
Termino con su frase lapidaria: “Servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable.” ¿Naturaleza humana? ¿Ausencia de moral y de valores? ¿Desalmados, irredentos? Añada usted lo que desee. Siempre será apropiado.— Mérida, Yucatán.
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Abogada y escritora
