Quiero mirar atrás. Y que a pesar de todas las injusticias, la violencia, los abusos, el desprecio, los ataques, la trata, los agravios de lesa majestad en contra de las mujeres en el mundo y en México, deseo creer con mente positiva, luz de esperanza y actitud de certeza, en que no solo seguimos, sino que seguiremos avanzando. El camino ha sido y seguirá siendo tortuoso. ¿Alguien pensó que sería fácil?

¿Cuánto tardaremos en obtener la igualdad y los derechos que como mujeres no solo nos corresponden, sino que, simplemente nos pertenecen? Nos puede llevar la vida entera y toda la que falta, comenzando desde la antigüedad hasta el mayor y más lejano de los tiempos.

¿Veinte, treinta, cincuenta, un siglo más, dos? Puede ser. Y quizá estoy corta. Sin embargo, es imposible negar que paso a paso, lucha a lucha, muerte a muerte, los derechos para la mujer, se han ido ganando con sangre, sudor y lágrimas. Y se han hecho valer a pesar de todo. A pesar de todos.

Así que, hoy por hoy, pensar que en México tenemos como candidatas a dos mujeres para la Presidencia de la República por vez primera en nuestra historia es algo insólito además de inédito y maravilloso, por las posibilidades que como género femenino pueden abrirnos.

Pienso en todas las mujeres que protestarán en el mundo entero una vez más, este 8 de marzo que se nos ha dedicado. Vienen a mi memoria los colores de la bandera feminista: morado, verde y rosa, es la “marea morada” con código de vestimenta: negro, por las mujeres asesinadas y víctimas de feminicidio. Ese es nuestro luto.

Accesorios de color morado: representan la lucha de todos estos años por nuestros derechos. Accesorios o pañuelo verde para representar el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Rosa: representa a las mujeres trans y su aceptación en el movimiento, es decir, la inclusión.

En palabras de la activista inglesa Lady Emmeline Pethick-Lawrence (21 de octubre de 1867 – 11 de marzo de 1954), quien fue una activista británica por los derechos de las mujeres al voto, habla sobre el morado, que ella llama violeta, y sabemos que este color emula la conciencia, lucha, libertad y dignidad; y así afirma, “el violeta, color de los soberanos, simboliza la sangre real que corre por las venas de cada luchadora por el derecho al voto, simboliza su conciencia de la libertad y la dignidad. El blanco simboliza la honradez en la vida privada y en la vida política. Y el verde simboliza la esperanza en un nuevo comienzo”.

Las mexicanas y mujeres de Hispanoamérica en general afrontamos problemas similares. Es la desigualdad de género la principal causante que afecta a mujeres y niñas en el país. La más preocupante es la violencia en el seno familiar y la violencia sexual. Los salarios siguen siendo más bajos que los de los varones. Y la más amenazadora, es la falta de acceso a la educación que las sigue manteniendo en la oscuridad de su misma ignorancia.

Ni hablar de una asistencia sanitaria adecuada y general. Inexistente en parte inmensa de la geografía nacional.

La Organización de las Naciones Unidas oficializa el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo de 1975. En 2011, al celebrarse su primer centenario, se trata el tema “Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer”. El principal origen de esta fecha tan señalada se sitúa en una manifestación de las trabajadoras de una fábrica de textiles de Nueva York donde murieron 120 mujeres en 1857.

La historia reciente nos habla y con voz muy alta y estentórea de que nuestros avances en “brecha salarial, la carga desproporcionada del trabajo doméstico y no remunerado que recae principalmente en mujeres y niñas, la violencia laboral, el matrimonio infantil, el acoso y hostigamiento sexual, los estereotipos de género, las leyes, prácticas, usos y costumbres discriminatorios contra ellas” son solo una muestra más entre el desfase de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer tan llevado y tan traído. No se ven, no se sienten los avances en esta materia.

¿Por qué se da este fenómeno? Porque aún no terminan de entender que las mujeres y las niñas somos personas distintas de los varones. Somos singulares, con nuestros propios deseos, aspiraciones, y necesidades. Somos complementarios, hombres y mujeres, niñas y niños, pero no somos iguales y esto no se toma en cuenta y, por tanto, no nos tratan por lo que somos, por quienes somos.

Es así como no nos entregan lo que por derecho nos pertenece, que es la igualdad y equidad en todos los aspectos, con las diferencias que la naturaleza nos ha impuesto, pero que no merman en absoluto la estatura personal, ética, moral, y profesional entre un hombre y una mujer. Y parecen olvidar un factor único, irrepetible y extraordinario: somos madres de la otra mitad de los seres humanos que habitan esta tierra. Con solo eso, está dicho todo. ¿De dónde la memoria corta? ¿A qué se debe? Si les hemos dado la vida, ¿por qué no quieren mejorar, respetar y dignificar la nuestra?

“Tenemos que asumir un compromiso de largo aliento para lograr un cambio radical que posibilite que niñas y niños, adolescentes y jóvenes, crezcan y vivan sin violencia en sus hogares, escuelas y comunidades”.

Esto es lo que de otra manera podemos llamar igualdad ni más ni menos. “La igualdad de género es un principio constitucional que estipula que hombres y mujeres son iguales ante la ley”, lo que significa que todas las personas, sin distingo alguno tenemos los mismos derechos y deberes frente al Estado y la sociedad en su conjunto.

La trágica realidad es que con 10 feminicidios al día, diez, ¿cómo hablar de avances sustantivos en las regulaciones para proteger a las mujeres en el país? Amnistía Internacional nos lo advierte. (AI): no hay cumplimiento de sus recomendaciones en materia de feminicidio, desaparición de mujeres y niñas y alerta de violencia de género. Imposible contradecirles. Es nuestra dura y extrema realidad.

Y también añade: que las autoridades de México sí tienen interés “para avanzar en el respeto, garantía y protección de los derechos humanos de las mujeres y niñas”. Sin embargo, hace hincapié en que “los problemas en el diseño e implementación de políticas públicas”, así como en la asignación de recursos y el excesivo uso del derecho penal en materia de género, “han mermado la capacidad del Estado mexicano para lograr cambios reales”, lo que ha impedido que cumpla de manera efectiva las recomendaciones. Esto es un hecho comprobable.

Hay una meta, un reto, una maraña de hilos por desenredar: “Derechos iguales para hombres y mujeres”, porque los derechos de las mujeres y las niñas “son derechos humanos”. Tienen derecho al disfrute pleno y en condiciones de igualdad de todos sus derechos, y a vivir libres de todas las formas de discriminación: “esto es fundamental para el logro de los derechos humanos, la paz y la seguridad, y el desarrollo sostenible. Es la principal responsabilidad de los gobiernos.” A pesar de que millones de mujeres del mundo entero siguen siendo víctimas de la discriminación y aún sufren una vida llena de violencia.

Sin la comprensión de las estructuras sociales, y la relación de poderes entre las leyes, la política, incluyendo la economía, la dinámica social y la vida familiar y comunitaria, no será posible cambiar la visión ni la percepción equivocada que se tiene de la mujer “Per se”. De acuerdo a la ONU: “Es preciso desactivar los nocivos estereotipos de género, de modo que a las mujeres no se les perciba según las pautas de lo que “deberían” hacer sino garantizar de manera eficaz los derechos humanos que les corresponden.

Un año más. Una manifestación más por las mujeres. Un paso más. Y así seguiremos avanzando. No nos cabe la menor duda.— Mérida, Yucatán.

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Abogada y escritora

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