Se han iniciado trabajos en los portales del frente de la espadaña del templo de San Antonio de Padua que desde hace dos años sufren filtraciones de agua cuando llueve y ya presentan zonas de humedad en las paredes de todo ese tramo pudriendo los rollizos, uno de los cuales se desprendió y cayó hace unos meses.
Como se recordará, hace 6 años se reparó ese mismo tramo, supervisado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia en un proceso que duró muchos meses —muchos— ante la impaciencia —más bien paciencia— de la feligresía y los turistas que a diario llegan a celebraciones religiosas y a conocer el cuatricentenario edificio conventual, limpiando y restaurando también los murales coloniales del sector.
Pues poco duró el gusto ya que hace dos años se empezó a notar filtraciones y zonas de humedad haciéndose público el daño en notas periodísticas.
Hace dos meses se clausuró el tramo donde cayó el rollizo y hace unos días que se están colocando andamios y vigas para sostener el techo dañado clausurando el acceso al templo con cinta amarilla permitiendo el acceso al templo a feligreses y turistas por el claustro, deseando unos y otros que las labores duren ahora menos que la vez anterior.
Y ya que vienen distintos especialistas a supervisar esos trabajos bueno sería que visiten el interior del templo conventual pues sobre el presbiterio hay varias zonas de humedad que evidencian filtraciones desde la azotea, así como otras zonas con verdín en el coro, en la zona de unión del templo y la espadaña, a un lado del vitral de la Virgen.
Más zonas de humedad hay en las pozas del atrio: en la del noreste —hacia la plaza Zamná— y en la del sureste, hacia la calle 33.
En el templo mismo el piso se está agrietando en las canaletas de “respiración” hechas por indicaciones de especialistas para que por ahí se evapore la humedad del piso del templo teniendo en cuenta que el templo está sobre la plataforma de un basamento prehispánico. Los ladrillos centrales —donde hacen su entrada quinceañeras, novias al casarse, sacerdotes, obispos, antes de celebrar—, se están haciendo pedazos.
Y, si me tienen paciencia, debo comentar que los ventanales del camarín de la Virgen —de la reina y patrona de los yucatecos— están rotos, sobre todo los del costado oriente que están más expuestos a lluvias, vientos, ciclones, etc. Sus cristales y detalles ornamentales en madera, astillados, semidestruidos, han recibido alguna protección con cinta adhesiva.
Las rampas y aceras de acceso al atrio ya necesitan que en un costado de las mismas se adapte el piso para que se desplacen sillas de ruedas de fieles y visitantes. Hace unos años fui testigo cuando se le solicitó al arqueólogo López Calzada, director del INAH en ese entonces —de visita en Izamal— esos andadores aprobando el funcionario la petición solicitada.
El arquitrabe que sostiene paredes del claustro norte y la base sur del arco, sobre la calle 31, se desplomó en 1974 —hace medio siglo—, y espera pronto ser reparado.
También, el pueblo, visitantes, turistas y todo aquel que con dificultades sube al atrio y al templo espera como un sueño que algún día sea dotado el edificio de un elevador para facilitar el acceso, como ya se ha hablado y para lo cual el ascensor podría instalarse por el sector sur-sureste del complejo conventual, específicamente detrás de las oficinas donde se controla el videomaping, por donde también funcionan unos baños públicos, sector donde no se afectaría al viejo pero apreciado edificio religioso.
Pero hay más, la ciudadanía espera que continúen los trabajos de exploración del pozo de la noria del convento iniciados hace casi un año y detenidos en dos ocasiones. Continuar para incluir la calle 28 —o “calle nueva”, como también es conocida— en el derrotero cultural del sector ya que fue parte de la huerta del convento.— Izamal, Yucatán.
Cronista de la ciudad de Izamal.


