Filiberto Pinelo Sansores
Filiberto Pinelo Sansores

La derecha critica a la izquierda por no haber mantenido programas que instauró cuando fue gobierno. No dice que fueron desmontados porque eran negocios que se llevaban gran parte del presupuesto público y/o iban enfocados a unos cuantos. Por ejemplo, las guarderías, las estancias infantiles, el seguro popular y otros.

Todos concebidos para que unos cuantos se enriquecieran mientras la mayoría de la población quedaba fuera de la posibilidad de tener acceso a ellos. Uno de estos quedó plenamente expuesto cuando se incendió la guardería ABC, en Sonora, que era propiedad de unos primos de la esposa de quien detentaba la presidencia del país, Felipe Calderón.

El llamado seguro popular no fue ni seguro ni popular. Nada más habría que preguntarse cuántos hospitales se construyeron para dar albergue a la ficción. Ni uno sólo. Lo único que se hizo fue dar una tarjetita —de “afiliado”— al que se creía el cuento sin construir los nuevos espacios que se requerían para atender a los millones de mexicanos que lo necesitan, haciéndose uso de los saturados que existían, o sea, lo mismo que han hecho los gobernantes del Prian siempre: simular que les interesa la salud del pueblo mientras desvían recursos a sus bolsas.

Hicieron algo peor. Durante la larga noche neoliberal, tanto el PRI como el PAN, estuvieron privatizando la educación en México y, con eso, limitando el acceso de estudiantes a las escuelas públicas de medicina que rechazaban a miles de estudiantes.

Así, limitaron el número de médicos —tanto generales como especialistas— que deberían ser preparados para tener la cantidad de ellos que el país necesita, según el número de sus habitantes —de acuerdo con estándares de la ONU— y poder atender, por tanto, eficazmente, la salud del pueblo.

Enorme contradicción: mientras instauraban su demagógico “seguro”, conspiraban para que no hubiera médicos suficientes para atender bien las necesidades de salud de los mexicanos.

Eso sí, dejaron un tiradero de hospitales inconclusos, en obra negra, empezados y abandonados, tanto en tiempos de Calderón como de Peña Nieto. También hospitales alquilados como el de Susulá, de especialidades del Issste, de Mérida. Recordemos aquellos famosos hospitales de Tekax y Valladolid que sirvieron para que unos cuantos se forraran los bolsillos, que se terminaron gracias a que AMLO se hizo cargo.

Dos administraciones pasaron, la de Ivonne Ortega, Rolando Zapata, priistas, y una parte de la de Mauricio Vila, panista —más de 15 años transcurridos— para que viniera a destrabarse el cochinero del de Ticul, un gran negocio de los tiempos del “seguro popular”, cuando políticos que hoy se abrazan —en la alianza “Fuerza y Corazón”— se confabulaban con traficantes de influencias para hacer jugosos negocios como el de dicho hospital que sirvió para que se robaron los prianistas carretadas de dinero y tuvo que ser rescatado por el gobierno de la 4T que lo puso al servicio de los yucatecos.

A causa de lo que hicieron los neoliberales fue que cuando nos agarró la pandemia, el país no tenía médicos suficientes para atender a los enfermos, los hospitales públicos, además de ser insuficientes, estaban en pésimas condiciones. Antiquísimos en su mayoría. Los del Issste, por ejemplo, tenían muchos de sus servicios privatizados. “Si usted tiene necesidad de una placa el servicio lo da un privado, no el Issste; si de un análisis, el análisis lo da un privado, si de una anestesia, también es un privado el que la da; el de alimentación, lo mismo, el del lavado o el de ambulancias”, ha dicho la responsable del equipo que lo está rescatando.

Y la candidata de la derecha propone volver a ese esquema. ¿Qué es lo que propone, en cambio, Claudia Sheinbaum, la candidata de la izquierda en materia de salud y en materia de atención a las mujeres y a los niños? Fortalecer el sistema público de salud gratuito y de calidad. “Vamos a seguir fortaleciendo el Issste, el Seguro Social y por supuesto, nos va a tocar consolidar el IMSS-bienestar. El acceso a la salud desde la prevención hasta la atención de la enfermedad más compleja, incluyendo los medicamentos, es un derecho del pueblo de México”, dice su propuesta.

Lo anterior significa que su gobierno continuará el proceso de ir haciendo que mejore la calidad de vida del pueblo como ha ocurrido en los últimos 5 años.

Lo que dice es constatable en la forma como se ha superado el nivel de vida de los millones de mexicanos que forman la mayoría del país, en este sexenio. Lo números no dejan lugar a dudas: cada vez es mayor el número de personas que salen de la pobreza.

Según el Coneval, a pesar de haber habido una enorme crisis en el mundo, que comenzó con la pandemia y siguió con la guerra en Europa —e hizo hundirse las economías de todos los países— en México la pobreza disminuyó en casi 7 por ciento desde el gobierno de Peña; en 9.8 desde el de Calderón y en 10.7 desde el de Fox. Entonces, ¿cómo vamos? Mucho mejor que con los gobiernos del Prian.

Imposible regresar a un pasado que aunque se le quiera disfrazar no deja de ser el modus vivendi de una minoría que disfrutaba las mieles del poder mientras más de cien millones de personas veían cómo languidecía su economía y se obscurecía su futuro. Los más de 35 años que estuvieron los neoliberales en el poder son una experiencia imposible de olvidar.

Ahora están tratando —a través de sus vetustos políticos, sus traficantes de influencias, sus apologistas, sus mercadólogos y sus especialistas de guerra sucia— de volver al poder y usan como ariete a una candidata que no levanta porque carece de las cualidades mínimas para gobernar un país que abrió los ojos y ya no se deja engañar. Su campaña, en lugar de servirle para mejorar su imagen y situarla mejor en la estima de los ciudadanos está sirviendo para que el pueblo sepa por quién no debe votar. Esperemos que sus impulsores no hagan un motín cuando con las elecciones pierdan el preciado botín.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán