Hemos entrado ya en una etapa donde los candidatos de los diferentes partidos políticos han comenzado sus giras por los diversos municipios y colonias de nuestro estado, con el fin de presentar sus propuestas de trabajo para las siguientes posibles administraciones; sin embargo, con éstas vienen también diferencias que se agudizan entre los simpatizantes y militantes.

Hemos comenzado a contemplar las rivalidades y enemistades que surgen a causa de optar por algún color de partido.

Por eso será importante reflexionar sobre la forma en que las campañas tendrán que ser asumidas por todos los que votaremos el próximo 2 de junio, de tal manera que no adoptemos de forma irrefutable la información que nos llega o adquirimos a través de las asambleas, conferencias o de las plataformas digitales y tampoco descartemos la opinión de los que piensan diferente.

Ciertamente las noticias nos llegan como avalancha, nos agobian con tantas palabras que son expresadas por los candidatos y que nuevamente son promesas de un mejor futuro, de un estado más próspero para todos.

Y efectivamente, aunque podamos ilusionarnos y experimentar la alegría de un mejor estado para cada uno y nuestras familias, no debemos olvidar que este fenómeno esperanzador puede nublarnos la inteligencia y cegarnos, al grado de absolutizar o endiosar la postura que más nos agrade o convenga.

Pero negar o rechazar una visión diferente a lo que creemos de nuestro candidato o político favorito jamás será una opción recomendable, porque nos coloca en una posición de cerrazón y conflicto con quienes nos presentarán visiones distintas a las que uno puede optar.

Con tristeza se miran las discusiones o enfrentamientos que surgen en las familias y amigos que por apostar por algún político rompen la armonía que se tenía entre ellos. Incluso dentro de la misma Iglesia Católica se contempla con incredulidad que quienes conocen la Buena Nueva del Evangelio se pelean por sus posturas que consideran irrefutables y mesiánicas; es decir, capaces de dar la felicidad absoluta a todos.

Por eso es urgente que seamos sensatos y capaces de discernir la información que nos llega en el campo de la política, que antes de hablar y entrar en conflicto con los otros, sepamos escuchar y dialogar con respeto con quienes no comparten nuestras maneras de buscar el bien común.

La actitud de descartar antes de prestar atención a la palabra del otro nunca nos llevará a la sana convivencia, es ya probado que quienes absolutizan posturas e ideologías, no aportan mucho a nuestra población o nación.

Y es que este fenómeno de rivalidad y división es cíclico, ya que cada vez que los tiempos electorales se inician, el fantasma de la enemistad y el conflicto se hace presente, dejando una huella y herida que resulta difícil de sanar en tiempos poselectorales.

Como pastor de comunidades, siento la obligación y urgencia de expresar esta preocupación ante las campañas que ya se se han iniciado. Recientemente la Conferencia del Episcopado Mexicano expresó su preocupación por los conflictos que surgen de los procesos electorales y animó a todas las autoridades para que “garanticen la protección y el ambiente de paz, de tal manera que se eviten, por motivos electorales, las agresiones, los atentados y lamentables asesinatos de candidatos, políticos, familias, periodistas y demás ciudadanos”.

Por eso tenemos que estar abiertos a asumir la templanza como virtud, que nos permita pensar antes de actuar; de no agredir, sino recordar que quien nos expresa su postura es una persona igual que yo y que no por pensar diferente, somos enemigos.

Cuando Platón escribió la República, en donde nos dejó su visión sobre el Estado por el cual soñó, donde expresó su visión de democracia y estado ideal, también nos manifestó los riesgos que conlleva la política; nos advirtió de los peligros que el ser humano experimenta al estar al frente de la conducción del pueblo.

Por tanto, aprendamos del pasado, de las experiencias ya vividas, de las tristes enemistades que nos han alejado de quienes fueron parte de nuestra familia y que por los tiempos electorales perdimos. Que estas campañas políticas que hemos iniciado no sean motivo de disturbios sino de buscar juntos la mejor opción de prosperidad para todos, ya que, al fin y al cabo, somos parte de la misma nación, del mismo pueblo que desea lo mejor para cada uno de sus ciudadanos.— Mérida, Yucatán.

padrerolandocastillo@icloud.co m

Presbítero católico

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