Erica Millet Corona

Entre tanta modernidad, entre tanta persona joven con visión de futuro, también buscamos a alguien que sepa poner los ojos en el pasado.

Se busca un político o política que pueda, además de impulsar el desarrollo, valorar la historia, la cultura milenaria de nuestro estado en su más amplia expresión; quien cuide y mantenga la infraestructura que cobija los tesoros patrimoniales; quien dignifique lo que es de la tierra sin que espere que de ello se extraiga exclusivamente lo que se considera apto para el turismo y el desarrollo.

Se busca político o política que haya sostenido una guitarra entre sus brazos o haya aporreado los timbales con sus palmas; quien haya dado vida a marionetas con sus manos para contar historias que hagan reír, llorar o pensar; que haya disfrutado —realmente disfrutado— de una noche de trova bajo la alborada meridana o que se maraville cada vez que escucha y ve danzar una jarana.

Se busca político o política con alma vieja que regale arte en fechas especiales; que entienda el legado de los muertos e impulse la creación de los vivos. Se busca alguien que haya disfrutado una sonata en la sala de un teatro.

Se busca político o política que no solo haya leído —o escrito— libros de autosuperación o de cómo emprender negocios con más colmillo. Que encuentre gozo en la literatura, que se recree en el ritmo de las palabras y en su belleza.

Que pueda permanecer quieto ante el desconcertante arrebato de un poema o que reflexione sobre la prisa, el cuerpo o la enfermedad a través de una lectura; que se conmueva con una buena historia cuando en sus ratos libres se refugie en las páginas escritas por los grandes, lejos de pantallas, de luces o ruidos ensordecedores; se busca a quien también pueda nombrar a más de dos autoras.

Se busca un líder con capacidad de permanecer inmóvil, aunque sea por instantes, para contemplar obras de los grandes maestros de la plástica, pero igual las de artistas jóvenes, los que no dejan de nacer en nuestra tierra.

Que pueda nombrarlos y hacerles preguntas; se requiere de alguien que pueda establecer un diálogo con las formas y los colores, que se deje conmover, aun si no logra entender a cabalidad todo lo que observa; de preferencia, que entienda que nunca es tarde para aprender.

Se busca un gobernante sensible, que haga preguntas, que escuche para comprender sin necesidad de replicar; que no tenga miedo de esquivar los convencionalismos y que se lleve a la cama los cuestionamientos de mujeres y hombres que luchan por ser entendidos, que son minoría, que no han encontrado un espacio en esta sociedad que crece pero no evoluciona; porque en la paradoja que es la modernidad, es necesario asirse del pasado para mantenerse auténtico y entender lo que ha existido para que la maravilla de lo nuevo nos ilumine el sendero pero no nos corrompa.

Se busca, para el trabajo de administrar nuestro futuro, a quien asista al teatro sin amenazar con dormirse durante la función. Que recorra con curiosidad los pequeños espacios independientes de creación escénica en los que lo mismo se ríe o se llora, y cuyas paredes se mantienen de pie con monumentales esfuerzos; para entender sus problemas pero, más que nada, para ser testigo de las artes escénicas que florecen en Mérida.

Se busca mujer u hombre susceptible; consciente de su responsabilidad hacia la difusión de la cultura y el desarrollo del arte; que elabore un cuadro sinóptico del ecosistema cultural de la ciudad, del estado, y quien no vaya a sentirse cansado de que le pidan ayuda para crear, sino que entienda que no se ha dado lo suficiente, que hay una deuda enorme con el sector y que, por consiguiente, el trabajo, el presupuesto y los mecanismos para la distribución del mismo no son dádivas, no son accesorios, no son lujos, sino una necesidad apremiante, como cuidar del agua, mantener limpio el aire, sembrar árboles, generar empleos, velar por la salud y la vivienda digna para todas y todos.

Se busca político “viejo” para darle espíritu a lo nuevo; se busca a quien trabaje con ímpetu, que recorra las colonias, los municipios y sus comisarías, pero que también sepa aminorar la marcha y caminar lento para saborear, para recrearse en los ritmos y disfrutar de las melodías; para entender los colores de la tierra sobre la que hay que edificar sin pasarle por encima a todo lo que nos hace únicos.—Mérida, Yucatán

erica.millet@gmail.com

Licenciada en periodismo y maestra en relaciones públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán