En el asunto de los despidos de personal de salud que corresponde sostener al gobierno del estado, porque son dependencias estatales —no federales— los centros donde esos trabajadores prestan sus servicios, el gobernador Mauricio Vila ha permanecido callado mientras sus compañeros de partido, encabezados por su candidato Renán Barrera Concha, le sacan las castañas del fuego en el engaño de que es el gobierno federal quien está obligado a pagarles y seguirles pagando.
El gobernador Mauricio Vila debería estar agradecido de que López Obrador haya hecho suyos todos los problemas que le ha planteado, aunque no sean del orden federal, como ha reconocido en varias conferencias mañaneras; otro presidente, de un partido, no sólo ajeno, sino contrario al suyo, lo hubiera dejado rascarse con sus uñas. Problema que Vila le planteó, problema que AMLO le resolvió.
Ejemplos hay muchos. Uno de ello es que gracias al gobierno federal se construyó el parque de La Plancha; se resolvió el atolladero del hospital de Ticul abandonado en obra negra y con un multimillonario litigio en tribunales que dejaron como herencia los gobernantes priistas Ivonne Ortega y Rolando Zapata; se está remodelando el estadio Kukulcán con cargo al erario federal. Pero, lejos de agradecerlo, le paga con la actitud de querer echarle la culpa de algo en que no la tiene.
En lugar de estar agradecido con la ayuda brindada, el gobernador yucateco está aprovechando la oportunidad que ofrece el término de los contratos de 500 trabajadores pagados por el gobierno federal pero que laboran en instituciones del gobierno estatal —si no para calumniarlo personalmente— para permitir que se denueste, por todo el equipo de campaña de los candidatos de su partido, a quien generosamente le tendió la mano.
Esos trabajadores fueron contratados por la federación para que desempeñaran funciones necesarias en centros de trabajo que pertenecen al gobierno estatal por carecer éste de los recursos suficientes para cumplir con su obligación de prestar el servicio de salud con los mínimos parámetros de calidad que se requieren. Ahora, lejos de agradecerlo, está actuando como un limosnero con garrote.
Tienen toda la razón esos trabajadores al salir las calles a manifestarse por haber quedado cesantes al terminar el último de los contratos que la federación les estuvo dando, en sustitución de un gobierno incapaz de cumplir con obligaciones vitales en situaciones de emergencia. Pero la emergencia terminó. Entonces, si esto es así y los puestos que están cubriendo corresponden a los servicios que deben prestarse en los hospitales de un gobierno estatal es éste el que debe pagarles, no la federación. Pero, reacio, el gobierno de Vila, al mismo tiempo que se niega a contratarlos se niega también a firmar con la federación el convenio que permitiría a ésta contratarlos. Es una actitud torpe, porque no está dispuesto a pagarle a personal esencial para que funcionen bien sus hospitales, pero tampoco a que la federación se haga cargo de ellos y mejore la atención a los yucatecos.
Es absurdo pretender que el gobierno federal deba asumir el pago de trabajadores que ocupan puestos en el ámbito del gobierno de un estado, sin que medie un convenio que así lo estipule.
Ello pude ocurrir eventualmente, en momentos de emergencia, pero no para siempre, como los defensores del gobierno panista quieren, pues los pacientes atendidos pertenecen a la población carente de seguridad social que habita en territorio yucateco y Vila no quiere firmar el convenio que lo eximiría de esa responsabilidad y que la asuma el gobierno federal.
El gobierno federal proporciona a todas las entidades, de manera puntual, los recursos que las leyes establecen para cada una y es facultad suya auxiliarlos cuando están en apuros —por falta de previsión para atender algún problema o el enfrentamiento inesperado de una pandemia—; pero no está obligado a solventar permanentemente el pago de obligaciones que corresponden a los gobiernos estatales.
Esto es lo que ha estado ocurriendo con los servicios de salud en Yucatán. Vila prefiere gastarse los recursos en sus paseos por el mundo simulando giras de trabajo que cumplir con su deber de hacerse cargo del pago de obligaciones que tiene su gobierno, respecto de las cuales ha recibido generosa ayuda que, ahora, sin decirlo —porque son sus testaferros los que por él lo hacen—, quiere que sea eterna.
No obstante presumir que su gobierno es autosuficiente para atender la salud de los pacientes que le tocan, es el gobierno federal —como se observa en el caso— quien, en buena medida, lo está haciendo. Si no está, ni siquiera, en condiciones de sostener económicamente al personal que se necesita en sus hospitales y centros de salud, ¿por qué se niega a firmar con el gobierno federal el convenio que mejoraría la salud de los yucatecos, como lo han hecho la abrumadora mayoría de los gobiernos estatales del país?
Si lo hiciera, aumentaría en la entidad la cantidad de hospitales y centros de salud, de médicos generales y especialistas y enfermeras; la calidad de los servicios prestados; la capacidad para atender a muchos más pacientes. Esto es lo que está pateando Vila.
Lo que está sucediendo a este respecto no es más que el resultado de la irracional postura de los 9 gobiernos de oposición —del Prian y el MC— que existen en el país que, basados en su convicción de que dado que los proyectos del gobierno federal —absolutamente, todos— ayudan verdaderamente a mejorar las condiciones de vida del pueblo y eso, lógicamente, repercute en el aumento del apoyo de los votantes de los partidos que se identifican con él, entonces, hay que sabotearlos.
Con su actitud, el gobierno de Vila está demostrando que por sí solo no puede resolver los problemas de salud elevando la cantidad y calidad de los servicios que le son inherentes porque ni siquiera está en condiciones de pagar a los trabajadores que lo pueden hacer posible.
La pregunta, en consecuencia, surge de manera natural: ¿Por qué se niega, pues, a firmar con la federación el convenio que permitiría que la salud de los yucatecos mejorara? Porque detrás de él están inconfesables intereses privados que dejan multimillonarias ganancias a unos cuantos.— Mérida, Yucatán.
fipica@prodigy.net.mx
Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa
