Significativo producto legislativo aprobado por el Congreso del Estado al declarar a la “Chispa de la rebelión de Valladolid” como patrimonio cultural del Estado. Con ello promueve a esta ciudad yucateca en materia cultural y turística. “La Sultana del Oriente” —como la conocen—, una denominación que le dan desde la época colonial, por su importancia económica y cultural en la región.
En efecto, Valladolid es muy conocida por sus tradiciones y costumbres. Sus templos y barrios coloniales del siglo XVI, las casonas.
Su historia necesariamente nos lleva a mencionar momentos importantes como la gran rebelión de los Cupules (1546), la Guerra de Castas (1847 – 1848), y la primera chispa de la Revolución el 4 de junio de 1910.
Historia
El 10 de mayo de 1910, reunidos en el paraje de Dzelkoop en Valladolid, Yucatán, Maximiliano Bonilla, José Crisanto Chi, Juan de Mata Pool, José Candelario May, Teodoro Núñez, José Antonio Balam, Juan Bautista Pec, Mónico Tus, Lázaro Báez y Miguel Ruz Ponce firmaron el primer documento de aquella época en el que se reunían las voluntades del pueblo contra el régimen dictatorial de Porfirio Díaz y su influencia en el Estado, a través del entonces gobernador Enrique Muñoz Aristegui.
Si bien, dicho documento no fue el detonante principal del movimiento de Revolución Social Mexicana del siglo pasado, si fue el parteaguas para uno de los movimientos precursores más importantes de esta. Me refiero específicamente a la llamada “Rebelión de Valladolid” o “Primera Chispa de la Revolución”.
Este acontecimiento histórico que data del 3 de junio de 1910, señala que Maximiliano Ramírez Bonilla y José Crisanto Chi, encabezaron un contingente de personas, mayoritariamente campesinos e indígenas, para sublevarse contra el gobernador de Yucatán.
El “Plan de Dzelkoop”, desconocía el Gobierno de Muñoz Aristegui y por el que se convocaba a una Junta Gubernativa para salvaguardar los derechos de las personas.
El 4 de junio de 1910, la ciudad de Valladolid estaría en manos de los revolucionarios, cuyo cuartel contaba con fuerzas de entre 1,500 a 2,000 hombres, siendo que la gran mayoría no contaba con adiestramiento militar. No obstante, la valentía del pueblo vallisoletano se hizo presente.
A pesar de la iniciativa rebelde, los gobiernos estatal y federal harían sentir su más profundo temor ante los “rebeldes” pues, aún y cuando estos no contaban con armas suficientes y no eran combatientes de carrera militar, se desplegaron las elementos de Guardia Nacional desde distintos frentes con el objetivo de retomar el mando de Valladolid, lo que se concretaría el 9 de junio del mismo año, dejando 84 muertes, 132 heridos y 119 prisioneros, además de la ejecución de Maximiliano Bonilla, Atilano Albertos y José Kantún en un predio aledaño al Templo de San Roque, que hoy las y los vallisoletanos conocen como el “Parque Los Héroes” en honor a su memoria.
Don Carlos Menéndez
En 1919, el periodista e historiador don Carlos Menéndez publicó el libro “La Primera Chispa de la Revolución Mexicana”, donde relata puntualmente los fervores que acompañaron a los vallisoletanos durante el movimiento de junio en 1910, así como las reacciones que se obtuvieron del Gobierno Federal y Estatal, apuntando que el mismo Muñoz Aristegui en 1911 fue quien reconoció que tal acontecimiento se trató de una “rebelión contra el gobierno federal y del Estado […]” señalando que el movimiento no tuvo ningún carácter político como se presumía.
Este apelativo trascendería con el paso del tiempo. En 1953, el entonces diputado federal Ramón Osorio y Carvajal exigiría ante el Congreso de la Unión que se reconociera al levantamiento de Valladolid, como el primer antecedente del movimiento de revolución mexicana.
Posteriormente, la XLI Legislatura del H. Congreso del Estado de Yucatán emitiría el decreto número 116 publicado en el Diario Oficial del Estado el 31 de mayo de 1960, por el cual se declaraba “día de fiesta en el Estado sin suspensión de labores el 4 de junio de cada año, fecha conmemorativa de los acontecimientos que se verificaron en Valladolid en el año de 1910”, en el marco del 50 aniversario de este suceso.
Desde 1940, los pobladores de Valladolid refieren que se hacían vigías en las afueras del Palacio Municipal en conmemoración de los caídos; a partir de 1964, con el apoyo de la zona militar instalada en la región realizan representaciones de aquel levantamiento armado, acto en el que también se vociferaban los nombres de los valientes que dieron su vida por la libertad.
Voluntad
En este sentido, aquello que don Carlos Menéndez señalaba como “primera chispa” fue más allá de definir a la insurrección vallisoletana como la cuna de la revolución; se refería más bien al ánimo y voluntad de los próceres que dieron su vida en un intento por recobrar la patria que les habían arrebatado.— Mérida, Yucatán
mariomaldonadoe@gmail.com
@mariomaldonadoe
Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa
