Hay cuatro meses entre la elección del 2 de junio y el relevo en la presidencia de la república el 1o. de octubre próximo. A diferencia de hace seis años, cuando casi de inmediato Peña Nieto cedió espacios y decisiones políticas anticipadamente a su sucesor, parece que López Obrador no retrocederá un ápice en su ejercicio personal y autoritario del poder, reforzado ahora por una mayoría abrumadora en la próxima Legislatura, que le da posibilidad por sí misma de reformar la Constitución o de plano, de expedir una nueva.
Sheinbaum requiere tiempo para establecer puentes; López Obrador quiere terminar de dinamitar a las instituciones, comenzando por el Poder Judicial, antes de concluir su mandato.
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