Cuando el PRI despertó, después de las elecciones, “Alito” todavía se encontraba como dirigente nacional y buscando la reelección.
Alejandro “Alito” Moreno no renunció después de la debacle electoral el pasado 2 de junio, sino en vez de reflexionar sobre la derrota y convocar a todos los militantes para buscar caminos y dirigentes nuevos, ansía mantenerse en el poder.
Él busca adueñarse del partido. Recientemente convocó a la 24 asamblea nacional del PRI y la manejó a su conveniencia, pues logró que los asistentes votaran abiertamente para reformar los estatutos internos para beneficiarse como dirigente.
Le da el golpe mortal al PRI al clavarle la estaca de la reelección en pleno corazón tricolor, pues rompe candados para que un dirigente nacional pueda reelegirse tres veces en forma consecutiva, así como dirigentes estatales.
Alejandro Moreno no busca democratizar al PRI, quiere perpetuarse en el poder y manejar a capricho el partido. Sus acciones desesperadas para reformar los estatutos, antes de terminar el periodo de prórroga como dirigente nacional, muestran ese deseo de reelegirse, y si lo logra tendrá la oportunidad de mantenerse hasta 2032.
No abre las puertas a la militancia y a demás personajes del priismo, las restringe, evita la crítica y los cuestionamientos.
Su verborrea aturde en sus discursos y entrevistas. Él se muestra como el democratizador, el que reformará al partido. No acepta cuestionamiento alguno a su dirigencia, menos si le insinúan que renuncie y deje al priismo elegir libremente al nuevo presidente nacional.
Culpa a otros de la derrota, principalmente a los dirigentes del pasado, aunque minimiza cantidades electorales y señala que fue peor en otros años, en otras elecciones. Siente que no tiene culpa alguna, pero tampoco analiza, ni reflexiona sobre lo acontecido durante su gestión y el resultado electoral.
Habla de acabar con el autoritarismo, la corrupción, los abusos y los malos priistas del ayer, pero el pasado de “Alito” y sus actos del presente lo delatan, no concuerdan con el discurso. Él tiene en la Fiscalía Especializada en Combate contra la Corrupción de la FGR una denuncia por diversos delitos, enriquecimiento ilícito, peculado y demás actos de corrupción.
La misma Auditoría Superior de la Federación detectó esas irregularidades, unas 92, en el ejercicio de los recursos públicos, siendo gobernador de Campeche entre 2016 y 2019, principalmente en el sector salud y pago de nóminas.
¿Qué sucede que no hay acciones en contra de Alejandro Moreno? ¿Qué resultados hay de las investigaciones realizadas? No es posible que un dirigente nacional de un partido tenga mansiones, casas, ranchos, departamentos y cuentas bancarias millonarias que no podría adquirir solo con el salario que devenga.
Si el PRI estaba en agonía por lo vivido en los últimos años, ahora está al borde de la muerte si el partido lo maneja de forma absoluta y antidemocrática Alejandro Moreno.
Frente
Ante esto, exdirigentes del PRI se unen para convocar a los militantes priistas para formar un “gran frente nacional” para luchar de forma legal y política contra los aviesos intereses de “Alito”. En una carta dada a conocer en las redes sociales, la exgobernadora de Yucatán y exdirigente nacional de ese partido Dulce María Sauri Riancho y otros exdirigentes suscribieron la misiva en donde advierten que “el despropósito de adueñarse y perpetuarse del partido y convertirlo en una franquicia electorera a su servicio, solo se logrará si la militancia se lo permite”.
El autodenominado Frente Amplio por la Renovación busca detener a Alejandro Moreno en la reelección y exige que finalice ya su actual periodo de prórroga para nombrar a otro dirigente nacional. Pero “Alito” está decidido a apropiarse del partido.
Poder y dinero, y también protegerse de las denuncias en su contra, son los objetivos del ex gobernador campechano. No busca el diálogo, son sus discursos encendidos en contra de sus críticos y dirigentes priistas del pasado lo que repite incesantemente.
El PRI agoniza y su muerte será inminente si “Alito” se mantiene en la dirigencia nacional. Así cambie de nombre y color, el partido podría desaparecer y perder el registro en breve si logra perpetuarse en el poder.
“Alito”, el sepulturero, está poniendo el último clavo al féretro tricolor y la última pala de tierra a la que sería la tumba del partido. De la reelección, primero, llevará al PRI a la extinción después. En sus encendidos discursos autoritarios envía su mensaje: “El PRI soy yo”. ¿Quién podrá detenerlo?— Mérida, Yucatán
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Profesor
