La palabra latina virtus significa “virtud”, pero quiere decir también “fuerza”. Se dice que algo ha sido desvirtuado cuando se le ha hecho perder sus cualidades, su vigor. Por ejemplo: “AMLO desvirtuó a la Comisión Nacional de Derechos Humanos”. (¿Existe todavía?).

Ahora en las Olimpíadas son admitidos profesionales del deporte, quizá como un recurso para atraer más atención sobre el evento. Eso desvirtúa los Juegos Olímpicos, lo mismo que la inclusión de actividades que poco o nada tienen de deportivas.

Por eso no me han atraído mucho las competiciones en París. Sin hacer injusticia a los participantes, y menos a los de México, que están ahí por su propio esfuerzo, no por el apoyo recibido de Ana Guevara o López Obrador, creo que la Olimpiada parisina será recordada más por el triunfal regreso de Celine Dion, por las aguas del Sena y por la desastrada actuación de las drag queens que por las competencias mismas. Decía una sexoservidora: “Nuestra profesión es la más antigua del mundo, y una de las más necesarias y útiles. Lástima que la echen a perder las aficionadas”.

Pues bien: lástima que en buena parte, o mala, los Juegos Olímpicos sean echados a perder por los profesionales…

Don Gerontino, añoso y valetudinario caballero, iba a desposar a Pompilia, mujer en flor de edad y dueña de magnificente busto y poderoso caderamen. El médico del provecto galán le advirtió: “Ese matrimonio presenta riesgo de muerte”. “No importa —replicó don Gerontino—. Total, me vuelvo a casar”.— Saltillo, Coahuila.

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