El pasado 10 de octubre se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental, una jornada que busca sensibilizar a la población sobre la importancia de cuidar la salud psicológica y emocional.
La Organización Mundial de la Salud define la salud mental como: un “estado de bienestar mental, que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, aprender y trabajar adecuadamente e integrarse en su entorno”.
Nuestra sociedad actual vive inmersa en un ritmo de vida acelerado y exigente, con múltiples presiones para cumplir con las responsabilidades familiares y laborales, lo que genera altos niveles de estrés que dificultan el mantenimiento del bienestar emocional.
A esto se suma un factor fundamental: las finanzas personales. Millones de familias en nuestro país viven con preocupación constante de que el dinero les alcance para cubrir los gastos básicos de la casa, para pagar sus gastos de salud, sus deudas, etcétera.
Todas estas presiones financieras agravan el estrés diario, generando ansiedad, depresión, minando la salud mental e imposibilitando el bienestar mental.
Diversos estudios han demostrado que situaciones financieras problemáticas prolongadas están fuertemente correlacionadas con la ansiedad y la depresión, trastornos que aumentan significativamente el riesgo de suicidio.
La falta de recursos para mantener a la familia o el temor a no poder cubrir las necesidades básicas crean una carga mental asfixiante.
En muchos casos, las personas sienten que pierden el control de su vida, llevándolas a un estado de desesperanza en el que pierden incluso las ganas de vivir.
Un mal manejo de las finanzas personales, que lleva a un sobreendeudamiento, es una de las principales fuentes de angustia emocional y mental para una gran parte de la población mexicana.
Cuando las obligaciones financieras superan la capacidad de pago de una persona, el saber que no se podrá cumplir con las obligaciones genera una sensación de agobio constante, desatando un estado permanente de ansiedad y estrés.
Este malestar se intensifica cuando comienzan las llamadas de cobranza o las visitas de los acreedores, recordando día tras día las deudas pendientes y la incapacidad que se tiene para pagarlas.
En las personas sobreendeudadas se genera una sensación de vergüenza y fracaso que se vive en soledad, porque es una situación que se evita compartir por temor al juicio o la desaprobación de los demás. Además, surge una enorme preocupación por el futuro, ya que se enfrenta el temor de perder el patrimonio construido.
En el ámbito laboral, el sobreendeudamiento también tiene un gran impacto negativo. La mente de una persona sobreendeudada está constantemente ocupada en cómo resolver los problemas económicos, lo que reduce la capacidad de enfocarse en las tareas laborales.
La eficiencia del trabajador, la calidad de su trabajo, la productividad, su capacidad de tomar decisiones acertadas y su creatividad se ven severamente afectadas.
Si el problema sigue sin resolverse, además de las afectaciones a la salud mental, se presentan enfermedades físicas. El estrés y el insomnio causados por las preocupaciones financieras debilitan el sistema inmunológico, causando una mayor susceptibilidad a enfermedades como infecciones recurrentes, migrañas, hipertensión, problemas gastrointestinales y trastornos cardiovasculares.
El sobreendeudamiento puede llevar a actos desesperados para pagar las deudas como el robo o el fraude, y en los casos más trágicos, algunas personas pueden contemplar el suicidio al sentirse atrapadas sin salida.
Si queremos una población con buena salud mental, es esencial proporcionarles herramientas para lograr unas finanzas personales saludables.
El gobierno, el sector empresarial y el sector educativo deben colaborar en una estrategia conjunta para abordar este tema y así fortalecer la economía de las familias y de nuestro país.— Mérida, Yucatán.
marisol.cen@kookayfinanzas.co m
Profesora Universitaria y Consultora Financiera
