A principios de año 1999 se estrenó una serie de televisión norteamericana que se desarrolló en Nueva Jersey y rápido se popularizó entre el gusto de millones de personas por su calidad de producción y por el gran trabajo de sus actores.
En aquellos años, cobraba fuerza la televisión por cable y la serie “Los Soprano” acumuló 6 temporadas y numerosos reconocimientos, entre ellos 21 Premios Emmy y cinco Globos de Oro.
El argumento básico de dicha producción reflejaba muchos aspectos de la cultura popular estadounidense de principios del Siglo XXI y gira en torno a la vida del mafioso Tony Soprano, interpretado magistralmente por James Gandolfini.
Al principio de la serie, el violento y carismático personaje, agobiado por sus problemas, decide acudir a una psiquiatra y los capítulos se van sucediendo entre las sesiones con su terapeuta, su vida familiar y su trabajo de “administrador” de camiones de basura y de delincuente, como cabeza de una pandilla que extorsiona, asalta camiones, quema restaurantes y negocios de empresarios que no ceden a sus requerimientos, asesina por encargo y administra negocios de giros negros.
Lo surrealista de la serie, muy al estilo de la mafia italiana, es que el personaje quiere aparecer como un devoto cristiano, un padre ejemplar, un esposo atento y un buen hijo que cuida a su madre con especial devoción, mientras vive en un barrio de clase alta y con muchos privilegios. Esa vida “normal” de Tony Soprano contrasta con la crueldad con la que se conduce en su “trabajo”, es decir, como cabeza de la mafia de su ciudad.
La serie vino a mi memoria recientemente al leer el discurso final del juez Brian Cogan al dictar sentencia contra Genaro García Luna, a quien acusó de haber llevado una doble vida “compatibilizando su papel en una entrañable familia con otro como facilitador de una gran empresa criminal” al servicio del cártel de Sinaloa. “Usted tiene una doble vida. Usted vestirá muy elegante. Podrá decir que respeta la ley. Y seguro lo cree. Pero su conducta es la misma que la del Chapo”, expresó el juez.
Es evidente que lo sucedido a García Luna es una seria advertencia a quienes pretendan, en adelante, seguir sus pasos y llevar doble vida.
Pero también, es inevitable preguntarnos, ante la imparable ola de violencia que existe en el país, incluso peor que en el sexenio de Felipe Calderón, ¿cuántos políticos y altos mandos encargados de la seguridad llevan actualmente una doble vida, como en su momento, lo hizo Genaro García Luna? ¿Cuántos émulos de “Los Soprano” hoy día se regodean, visten trajes elegantes y tienen familias encantadoras, mientras ocultan sus tratos con la delincuencia organizada?
Solo el tiempo y la justicia norteamericana nos lo revelará. Lo dejo de tarea.— Mérida, Yucatán.
Correo: rogergonzalezherrera@yahoo.com.mx
*Profesor
