Mi ángel de la guarda es más eficiente que el de los Kennedy. Varias veces me ha salvado de la muerte.
Diré de una. Muchachillo de 7 años, aproveché que el sacristán de la Catedral de mi ciudad dejó abierta la puerta del campanario y trepé por la escalera de caracol. Vi un claro de luz y pensé que había llegado ya a la altura. Me asomé. Era un vano en el muro. Unos centímetros más que hubiera adelantado el cuerpo y habría caído al vacío.
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