Armando Fuentes Aguirre Catón De política y cosas peores

Varias veces he volado en helicópteros, esas libélulas mecánicas. Diré de dos ocasiones que me dejaron particular memoria. La primera vez fue cuando Abraham Cepeda Izaguirre, eficiente funcionario encargado por entonces de las tareas de electrificación en Coahuila, mi natal Estado, llevó los beneficios de la energía eléctrica a la región suroriental de la Sierra de Arteaga. Al hacerlo liberó a miles de mujeres de la esclavitud cotidiana del metate, y dio a numerosas comunidades campesinas los muchos frutos buenos que derivan de la electricidad.

Como vecino del Potrero de Ábrego participé en los trabajos de tendido de la red. A bordo de un Alouette, helicóptero francés que cargaba los postes como cargar palillos de dientes, fui con el piloto a colocarlos en los pozos previamente cavados desde el poblado Mesa de las Tablas, cercano a las alturas del alto monte llamado el Coahuilón, hasta las varias rancherías de la comarca.

Has llegado al límite de notas gratuitas, para seguir leyendo…

Crea una cuenta, es gratis y
podrás leer 5 notas más.

Suscríbete a nuestros planes
y obtén acceso ilimitado.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán