Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, es este el bien está cerca —Don Quijote de la Mancha.
Como dice una parte de un dicho, “no hay plazo que no se cumpla”. Así que llegaron las 12 de la noche del último día del año.
Muchos la pasaron brindando alegremente con su apreciada familia, otros en las cárceles tristemente, pero vieron cómo se las arreglaron para desearse lo mejor en la medida de su triste situación y otros, en la fría soledad o en la calle como domicilio o sede permanente. Pero todos saben que el año nuevo llegó y eso levanta nuevamente la esperanza de vivir en una situación mejor, de regocijo y felicidad.
En lo familiar deseamos lo mejor para los nuestros, progreso económico, salud, alegrías y felicidad.
Pero si hablamos de las cosas mundanas y, preguntamos a alguien su deseo para el año que se inicia, lo más seguro es que nos respondan con algo banal, es decir, totalmente superficial.
Quiero estrenar auto o casa, u operarme la nariz, dirán algunos, y otros anhelarán su progreso en algún escalafón político o sindical, y otros con deseos de contratos millonarios que engruesen su cuenta bancaria pero, en fin, cada quien es libre de expresar sus reales deseos.
Si existiera un buzón de deseos, en mi carta yo muy probablemente también caería en estas banalidades, pero seguramente empezando por la salud de la familia, pues ya la felicidad del mundo entero la desearán obligatoriamente las candidatas a premios de belleza como respuesta trivial y acartonada en competencias frívolas que comúnmente se efectúan en el mundo.
Si tratáramos de idealizar los deseos de un buen ciudadano, debiéramos desear que fuéramos mejores personas en pensamientos y actos, algo parecido a que se cumplan los principios de los boy Scouts, o los 10 mandamientos de las tablas de Moisés, o cuando menos pedir que no tengamos ninguno de los 7 pecados capitales de la religión católica.
Y si fuéramos ateos o no profesáramos ninguna religión o culto, debiéramos rendirle pleitesía a la filosofía imitando los pensamientos de grandes filósofos que solo buscaban el bien común.
Creo que lo anterior es mucho pedir dadas las condiciones del mundo actual donde nos desarrollamos, debido a que cosas como la frivolidad, el “qué dirán”, el esnobismo rampante y otras modas que solamente producen ciudadanos “fachada” (que no comulgan con lo que predican), nos dirigen directamente a anhelar cosas superfluas y totalmente innecesarias.
Como sucede en la política, donde muchas personas que se dicen ser de corriente de izquierda y en ocasiones hasta comunistas, donde la austeridad y lo simple predomina como esencia, viven o desean vivir con lujos y excesos los que les hace acreedores al mote de “socialistas de Cadillac”. O como algunos políticos de corriente derecha, que hablan del pobre como un flojo sin deseos de superarse, cuando de pobreza solo conocen el sustantivo pues nunca la han padecido.
El deseo máximo de nuestros líderes debe ser el bienestar humano de todos los que dependan de su conducta y actos. Los políticos debieran velar por la satisfacción, no solo de la gente que votó por ellos, sino de toda el área política de su influencia, es decir no sólo las mayorías, sino todos.
Desgraciadamente eso a veces no produce votos y personajes buenos de raíz se transforman en arribistas siguiendo las reglas de políticos “triunfadores”, como el caso de un famoso político mexicano que esgrimió la frase de “político pobre, pobre político”.
Pero la cosa es pareja, es decir incluye a todos, o sea también a nosotros.
Empezaremos nuevo ciclo y se nos presenta la oportunidad de esforzarnos un poco en mejorar nuestros actos y comportamientos.
Bueno hubiera sido que el concepto de la verdadera ciudadanía se pudiera implantar cual chip de computadora en la mente de todas las personas pues, sería un gran avance cumpliendo con las reglas de civismo que correspondan.
Pero lo anterior no es posible por lo que todos debemos de poner nuestro granito de arena para aspirar a que algún día se logre lo que hoy más pareciera ser un sueño guajiro que cualquier otra cosa.
No es muy difícil, solo es empezar por al menos desearlo verdaderamente y arrancar, para esto el año nuevo podría ser un buen día. ¡Feliz año nuevo!— Mérida, Yucatán.
condeval1@hotmail.com
Ingeniero, valuador, Maestro en Dirección de Gobierno y Políticas Públicas.
