Decía Antonio Gramsci que cuando lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no termina de morir, emergen los monstruos. El éxito de movimientos autoritarios y reaccionarios, o bien neofascistas en todo el mundo, se explica en buena medida por la crisis sistémica del modelo capitalista en la que nos encontramos.
Los consensos en torno al neoliberalismo (como fase del capitalismo) han saltado por los aires: las desregulaciones, las privatizaciones y la promesa del libre mercado solo consiguieron exacerbar las desigualdades en nuestras sociedades, generando un enorme malestar con la democracia. “¿De qué sirve votar cada cuatro o seis años si ni siquiera puedo llegar a fin mes?”, se preguntan muchos ciudadanos enfadados. Hay demasiada rabia, incertidumbre, temor y enojo entre la gente. Donald Trump no es un accidente, sino simple y sencillamente la conclusión histórica de un modelo que va a morir llevándose todo lo que tenga por delante.
Ahora bien, uno de los debates que se plantean antes de la llegada de Trump al poder es sobre si hará realidad sus amenazas expansionistas o éstas simplemente forman parte de su habitual estrategia de bulleador incansable que le permite a la vez obtener la mayor ventaja en una negociación.
Con Trump se acabaron los consensos que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial: el Derecho, los tratados y la comunidad internacional. Es evidente que estamos ante un brutal jugador de casino y no ante un personaje con ropajes y formas de la política convencional.
Los análisis optimistas (no sé si basados en el consuelo, más que en el análisis) dicen que la amenaza del magnate de los negocios de anexionar Groenlandia, ocupar el canal de Panamá o cambiarle el nombre de Golfo de México a Golfo de América es solo bluf y una cortina de humo, por ejemplo, para desviar la conversación de sus pendientes con la justicia.
El problema radica en que el segundo mandato de Donald Trump es mucho más peligroso por tres motivos. En primer lugar, Trump y todo el equipo que lo rodea ahora tendrá experiencia de gobierno. Conocer el funcionamiento de la administración es fundamental para llevar al cabo un proyecto determinado. En segundo lugar, a diferencia de 2016, la victoria de Trump en 2024 fue aplastante. Va a tener a disposición el Congreso y el Senado, pero, sobre todo, el Tribunal Supremo (equivalente a nuestra Suprema Corte) donde tiene mayoría. De aquí a las elecciones de medio término no habrá cortapisas para el trumpismo. Y por último, cuenta con el apoyo incondicional de Elon Musk, financiador de su campaña y principal desestabilizador del mundo a través de su plataforma X y el poder corporativo que atesora.
Templanza, astucia y mucha inteligencia. Las necesitaremos para lo que viene a partir del 20 de enero.— Mérida, Yucatán.
Licenciado en Psicología
