Guillermo Fournier Ramos

La migración es uno de los fenómenos más complejos de los que se habla hoy día. Si bien, no se trata de algo nuevo, sino que los humanos llevamos migrando de un territorio a otro varios milenios, lo cierto es que se deben analizar factores económicos, sociales y políticos que incrementan el flujo migratorio, generando tensiones e inestabilidad en diversas partes del mundo, dado su ritmo acelerado.

En estas líneas abordaré algunas de las variables económicas, por ser probablemente las más extendidas para explicar el fenómeno de la migración —aunque los elementos sociales y políticos se retroalimentan con las variables económicas formando una sinergia—.

A lo largo de la Historia un porcentaje elevado de la población migrante ha decidido dejar su lugar de origen en busca de nuevas oportunidades. La cuestión económica es uno de los principales motivos que impulsa a alguien a abandonar la tierra en que nació y creció.

Cualquier cambio implica incertidumbre, por lo que el migrante toma la valiente decisión de emprender un viaje que no ofrece garantía de éxito, seguramente convencido de que el riesgo merece la pena, pues las oportunidades de progreso económico son pocas o nulas en caso de permanecer donde se encuentra.

Por tanto, la solución —si es que optamos por el enfoque de ver a la migración como un problema— es mejorar las condiciones materiales de la gente, con el fin de que la población sea capaz de desarrollar cualquier plan de vida legítimo en su lugar de origen.

Ahora bien, el comunismo no es una respuesta: ya ha habido bastantes experimentos de este corte en países como Cuba, Nicaragua, Venezuela, e incluso el supuesto gran proyecto de la Unión Soviética y los países de Europa del Este. Todos ellos fracasaron de manera estrepitosa en el plano económico, reproduciendo miseria —hambre y sufrimiento— entre los habitantes de aquellas naciones.

Por otra parte, el capitalismo salvaje amoral es fuente comprobada de desigualdad, y en última instancia, tampoco combate de manera efectiva la pobreza —pues ésta persiste cuando no hay políticas sociales integrales no asistencialistas—.

Tanto el modelo comunista como el capitalismo exacerbado e irresponsable propician la migración entre sus ciudadanos, en gran medida por consideraciones económicas. La implementación de ideas marxistas suele crear crisis financieras con inflación y devaluación de la moneda. El capitalismo mal entendido deja en el rezago a los sectores más vulnerables —comunidades indígenas, por ejemplo—. Así, ambas vías dan malos resultados en economía.

Si en un país el salario mínimo es cinco veces mayor respecto de otro país, ¿no es razonable que resulte atractivo para una persona de bajos recursos migrar hacia el territorio que presta mejores condiciones de ingreso a los trabajadores?

El gran problema económico está en el poder adquisitivo: la gente necesita comer y alimentar a sus familias. Si el ingreso que obtiene no le alcanza, hará lo posible por cubrir sus necesidades básicas. La migración es la única salida aparente para muchos, en medio de la desesperación.

Desde mi perspectiva, la opción no es el comunismo necio ni el hípercapitalismo insensible, sino una tercera vía, que promueva la economía de mercado, los derechos humanos y un auténtico estado de bienestar libre de programas meramente asistenciales.

Tiene sentido decir que más allá de posiciones de izquierda o de derecha hace falta exigir gobiernos responsables que pongan en primer lugar al ser humano, las libertades y los valores de la sociedad.

Es urgente revalorizar el trabajo y la educación para que estos dos elementos sean los protagonistas en el desarrollo económico; un mejor futuro es viable, de la mano de políticas públicas bien diseñadas y puestas en marcha.

Esa es la asignatura pendiente para poder afrontar los desafíos propios del presente y el porvenir. Acabar con la pobreza y la desigualdad excesiva no solo es factible, sino impostergable.

Como decía el Premio Nobel Muhammad Yunus: “la miseria no es una condición natural del ser humano, sino una imposición artificial producto de un sistema deficiente”.— Mérida, Yucatán.

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

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