Guillermo Fournier Ramos

Toda sociedad se construye de valores y costumbres que van forjando su destino. Generación tras generación, las mujeres y los hombres transmiten conocimiento, hábitos y tradiciones a hijos y nietos. Así se crea un sentido de identidad que perdura.

Principios como la familia, la solidaridad y la colaboración, al ser cultivados, nutren las raíces de cualquier comunidad. El reto consiste en mantener fuertes los lazos de confianza entre las personas, aunque el número de habitantes crezca en el territorio o haya cambios en la dinámica social.

No obstante, el incremento natural de la población, aunado a fenómenos como la globalización y la competencia económica vuelven muy complejos el equilibrio y la toma de decisiones que impactan en el interés colectivo.

En este punto es donde comienzan a surgir problemas difíciles de abordar y que producen efectos significativos. Temas como la pobreza, la desigualdad, la violencia y la delincuencia son asignaturas pendientes, en mayor o menor medida, dentro de todos los entornos de convivencia comunitaria.

Ahora bien, para responder a los desafíos y oportunidades de una realidad complicada y cambiante resulta indispensable contar con líderes dispuestos a hacerle frente a la situación, por muy adversa que pueda parecer.

Naturalmente, los gobiernos deben asumir el rol que les corresponde como autoridad legítima en una sociedad. Virtudes como honestidad, efectividad y rendición de cuentas son requisitos mínimos para funcionarios y representantes populares.

La población necesita —y merece— figuras políticas profesionales, que dispongan de la preparación suficiente y adecuada para darle resultados a la gente, poniendo en primer lugar al ser humano, y dejando a un lado la politiquería egoísta.

Sin embargo, sería ingenuo suponer que los políticos pueden resolver todo por sí mismos, por muy competentes que sean los perfiles en la administración pública.

La experiencia nos demuestra que solo son capaces de sobresalir aquellas sociedades donde la ciudadanía es activa, y el gobierno se dedica únicamente a las funciones que le son asignadas por ley.

Lógica democrática

Esta es la lógica del sistema de democracia: el empoderamiento de la población para organizarse en la atención de problemas públicos con el apoyo de la gestión gubernamental. Los territorios con cultura democrática son también los más prósperos y estables.

Por su parte, el empresariado es el encargado de crear puestos de trabajo, impulsar la innovación y generar riqueza. Empero, esto solo puede conseguirse ahí donde el gobierno pone las condiciones para favorecer la productividad y fomentar el crecimiento.

Los centros educativos, de los distintos niveles de grado de estudios, igualmente son una fuerza de cambio relevante. Los programas curriculares de las escuelas deben responder a las necesidades del siglo XXI, además de inculcar en los alumnos habilidades como el trabajo en equipo, la empatía y el pensamiento ético.

En el mismo orden de ideas, la ciudadanía precisa encontrar diferentes cauces para dirigir el talento, la lucha por los derechos y la cooperación, con el fin de edificar un mejor futuro.

El mensaje es claro: los problemas que tenemos, no van a resolverse por sí mismos, ni vendrá alguien de fuera a salvarnos. Los ciudadanos tenemos que hacernos responsables y ser realistas; las dificultades están ahí, y para encontrar soluciones, hará falta ponernos a trabajar unidos.

Emitir un diagnóstico es crucial para hallar el tratamiento correcto. Contamos con muchas fortalezas como sociedad, pero no podemos pasar por alto las áreas de oportunidad que probablemente contribuyen a frenar el gran potencial que compartimos.

Porque el futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer, es factible imaginar un porvenir optimista. Sin embargo, nuevamente, las cosas no ocurren por sí solas; hay que hacer que sucedan.

Obviar las quejas y empezar a actuar será decisivo si es que estamos empeñados en retomar el rumbo hacia una sociedad mejor, más allá de nuestras diferencias.— Mérida, Yucatán.

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

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