Armando Fuentes Aguirre Catón De política y cosas peores

Desde la noche misma de sus bodas Candidito, joven varón sin ciencia de la vida, supo lo que debía esperar de su matrimonio. Ante el lecho nupcial dejó caer con elegante ademán la bata de popelina verde con elefantitos rojos que para la ocasión le había confeccionado en la Singer su mamá, y por primera vez se dejó ver al natural ante su desposada. Dijo ella, terminante: “Esta noche no. Estoy muy cansada y me duele la cabeza”.

En el juicio de divorcio el abogado de la mujer le preguntó a la llamativa rubia: “¿Admite usted que fue a un hotel con el marido de mi defendida?”. “Es cierto —reconoció la despampanante fémina—. Pero fui a ese hotel engañada”. Inquirió el letrado: “¿Cómo engañada?”. “Sí —confirmó la rubia—. El señor le dijo al recepcionista que yo era su esposa”.

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