Repensando en la arquitectura colonial, el paisajismo y la intervención urbana como materias focales en la formación del arquitecto, me ha dado por ver a mi ciudad de origen desde la perspectiva que estas materias me han dejado, para ver el conocimiento como herramienta para mejorar todo lo que vemos, vivimos y experimentamos.
San Cristóbal de Las Casas en Chiapas, mi ciudad natal, es una mezcla de magia, color y cultura, un refugio para quienes buscan un lugar al cual pertenecer. Sin duda alguna, en la opinión de quienes conocen o han visitado mi ciudad, coinciden en que es un lugar que conjuga la armonía del entorno natural y cultural. Como muchas de nuestras ciudades mexicanas, San Cristóbal ya no es la misma que hace un par de décadas, al menos desde que empecé a tener uso de razón. Es una ciudad que enfrenta un sinfín de desafíos que amenazan su esencia y su equilibrio natural.
El trabajo que hoy realizan sociedad y autoridades es noble, pero no suficiente para preservar la riqueza que le pertenece de origen. La ciudad requiere de revalorizar el entorno natural y cultural, así como nos lo plantean los profes en nuestras materias, y que solo al ver el conjunto de conocimientos en ese maravilloso lugar, puedo yo entender que la relación hombre-naturaleza se debe considerar como indispensable para fortalecer el patrimonio del lugar.
En este contexto, la revalorización de los ecosistemas únicos de San Cristóbal es clave para reconstruir el vínculo entre la ciudad y sus habitantes. No se trata solo de calles y edificaciones, sino de los microambientes que le dan identidad: los templos monumentales, los humedales que aún resisten los embates de la urbanización, las montañas que rodean el valle urbano, los ríos que cruzan su geografía y la flora y fauna endémica que la habita.
Estos elementos conforman un paisaje que necesita ser reconocido, protegido e integrado a la vida cotidiana. Solo a través de esta apropiación consciente podremos garantizar que San Cristóbal, como otras ciudades de nuestro México, siga siendo el lugar donde naturaleza y cultura se entrelazaron con absoluta armonía.
Muchas de las problemáticas que afectan el entorno natural y cultural de las ciudades tienen raíces profundas en las desigualdades heredadas desde su etapa de fundación, luego la independencia y hasta llegar al modernismo, se centraron en la lucha silenciosa por el control del territorio, sus recursos y patrimonio. La arquitectura ha sido aspecto clave de este control territorial, a través de sus calles, plazas, espacios públicos, y hasta los templos e iglesias como es el caso de San Cris como cariñosamente le nombramos.
En esta lucha de supervivencia, transformación urbana y social, las ciudades y sus diversos grupos sociales, logran acceder a beneficios de los valores del patrimonio natural y cultural, mediante los beneficios del crecimiento y consolidación de las ciudades: el crecimiento económico y el desarrollo urbano.
Pero una ciudad como San Cristóbal o como la suya querido lector, deben proveer más que esos dos factores, deben proveer de carisma, de identidad, de orgullo. Ese sentimiento que nos hace sentirnos propios de un lugar, que nos fortalece el espíritu y que nos provoca recuerdos.
Ahora bien, ¿dónde entra en esta reflexión la importancia de las materias que, como arquitectos, aprendemos en la Universidad para beneficio de nuestros territorios? ¿Cómo debemos entender el paisaje urbano, natural y cultural, así como la infraestructura verde, por ejemplo, en este escenario?
Ante todo, debemos comprender que las ciudades las construimos todos, son espacios de coexistencia, en el caso de mi ciudad, la población indígena con la población local y hasta la foránea que se han asentado y adoptado a la ciudad como lugar de vida.
La migración sobre las ciudades es un reto, las personas se reubican con sus propias ideas, costumbres y hasta voluntades, al grado de ordenar o desordenar, cuidar o destruir, valorizar o desvalorizar el patrimonio. ¿Qué haría usted, en una casa ajena o propia? ¿No consideraría cuidar lo que se tiene o lo que se le da?— Mérida, Yucatán
Alumno del sexto semestre de la carrera de Arquitectura de la Universidad Anáhuac Mayab
