Caminar por la playa es, para muchos, una de las experiencias más placenteras de la vida. Al amanecer, al atardecer o bajo un cielo estrellado, sentir la arena bajo los pies, escuchar el vaivén de las olas, respirar la brisa marina y encontrar conchas, jaibas o caracoles es un deleite sensorial atemporal. No importa la edad: es un placer universal.

La búsqueda en internet de la palabra destino de playa es, con mucho, la más frecuente entre los vacacionistas.

¿Quién no sueña con vacacionar, retirarse o casarse frente a un mar de blancas arenas?

En Yucatán tenemos la fortuna de contar con el Golfo de México a pocos minutos. Sin embargo, hoy ya no podemos afirmar con certeza que tenemos “hermosas playas”. Algo ocurrió. ¿Qué fue?

¿La interminable fila de casas construidas sobre dunas, tan cerca del mar, que alteraron el equilibrio natural? ¿El muelle fiscal de 2.1 km inaugurado en 1942? ¿La ampliación de 2009, con dragado y relleno de rocas para alcanzar un muelle de 6.1 km? ¿El exceso de barcos? ¿La contaminación? ¿El calentamiento global?

Frente a nuestros ojos, año tras año, hemos visto desaparecer las playas yucatecas. Las soluciones aplicadas han sido paliativos de dudosa eficacia: geotubos, espolones que generan arena en un tramo pero la quitan al vecino… y en pocos meses la ganancia se pierde para ambos.

Hoy, en algunos puntos, la playa simplemente ha dejado de existir. Un recorrido en lancha por Progreso o Chicxulub revela un panorama desolador: el mar golpea contra muros de concreto; restos de estructuras sumergidas son testigos del avance imparable de la erosión.

Me pregunto qué piensan los turistas, los visitantes de todo el estado y la numerosa comunidad de retirados canadienses que durante años llenaron nuestras costas, al descubrir que ya no pueden dar sus caminatas por la playa.

Yo mismo solía recorrer con amigos una amplia franja de arena entre Chicxulub y el muelle de Progreso; hoy ese paseo es imposible. Escaleras derrumbadas, espolones o muros cortan el paso. El privilegio se perdió.

Este año se anunció una nueva ampliación del puerto de altura: dragado profundo, ampliación del canal y creación de 80 hectáreas para terminales, además de la conexión ferroviaria del Tren Maya de carga. La inversión estimada es de 7,200 millones de pesos para la obra portuaria y hasta 12,000 millones incluyendo las terminales.

No estoy en contra de la inversión en infraestructura ni de la derrama económica que pueda generar. Pero, ¿se ha realizado algún estudio para confirmar que el puerto de altura no guarda relación con este fenómeno de erosión?

Urge

La intervención urgente del gobierno federal, al más alto nivel, es indispensable. Un pedazo de México ya desapareció y la erosión sigue avanzando sin freno. ¿Cómo se recupera? No lo sé. Pero antes de seguir vendiéndonos como la “Costa Esmeralda” para cruceros, turistas e inmobiliarias, debemos reconocer que somos un destino turístico con un grave problema de erosión.

Hoy, la infaltable foto de visitantes en las letras de “PROGRESO” en el malecón es una imagen sin playa, sin arena… el agua choca directamente contra el concreto.

Duele comparar, pero conozco las playas del Golfo de México en Florida, desde Naples hasta Pensacola: anchas, limpias, protegidas por dunas intactas y edificaciones a decenas de metros de la orilla. Allá las dunas están cercadas y resguardadas como tesoros, con pequeños muelles que permiten el flujo natural de las corrientes y que no presumen récords Guinness como el más largo del mundo.

En Yucatán, para gran parte de nuestra costa, parece tarde… pero al menos deberíamos intentarlo. Urge que alguna autoridad intervenga e investigue qué se puede hacer en este punto crítico. Necesitamos una solución verdadera, integral y a largo plazo que no consista en más espolones ni geotubos que, además de alterar la dinámica natural, contaminan: estructuras de palos, piedras y hule sembradas en una franja de playa cada vez más reducida e introducidas al mar.

Lo que necesitamos es un plan serio que recupere y detenga la pérdida de lo que alguna vez fue la playa de todos los yucatecos.

Ojalá que en lugares como El Cuyo, y en las pocas playas que aún conservan su amplitud y belleza, se aprenda la lección y se empiece a prevenir desde ahora.

La pérdida de playas es un daño incalculable, tanto en lo económico como en lo ecológico. Y una caminata por la playa es, sencillamente, una experiencia irremplazable.—Mérida, Yucatán

curzaiz@hotmail.com

Empresario

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán