Si viviéramos en una sociedad menos confrontada, donde actores políticos y grupos sociales pudieran discutir con fuerza, pero con sensatez y con la capacidad de llegar a acuerdos cuando las evidencias son irrefutables, en una sociedad así, los actuales serían días de fiesta y de esperanza para todos, porque más de 13 millones de mexicanos salieron de la pobreza y los hogares de los trabajadores aumentaron su ingreso y no tanto por los programas sociales, sino porque crecieron sus salarios en términos reales.

De acuerdo con cifras del Inegi, difundidas el 13 de agosto de 2025, la reducción de la pobreza multidimensional pasó de 41.9% en 2018 a 29.6% en 2024, o sea, una baja de más de 12 puntos porcentuales. Los especialistas coinciden en la relevancia de esa reducción porque sitúa a la pobreza en la tasa más baja de la historia del país, el menos desde que se hacen mediciones.

En vez de fiesta, que sí existe en los diversos ámbitos de la 4T, en otros núcleos sociales se inventan versiones y fantasías para demeritar la hazaña lograda durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, a quien con frecuencia se le vitupera de mil maneras, se le calumnia y se le inventan intenciones y acciones: desde que está oculto en Palacio Nacional manipulando a la Presidente, hasta que la próxima reforma electoral tiene como intención propiciar su vuelta al poder, poniendo fin al principio de no reelección presidencial.

Quizá lo más lamentable sea que esas fantasías, nacidas del odio y la intolerancia, son creídas por algunos núcleos sociales minoritarios, pero virulentos. Y cuando en algunos sectores moderados se reconoce el gran logro, se le añade el consabido “pero…” Le arrojan moco a la sopa, decía Carlos Payán, el fundador de La Jornada.

La verdad es que el gobierno de AMLO dio sustancia a su lema “para bien de todos, primero los pobres”, no sólo por sus programas sociales, sino sobre todo por el aumento notable a los minisalarios, con lo cual desmintió estrepitosamente la vieja especie de que tal elevación salarial, en los niveles alcanzados en el sexenio de AMLO, causaría graves daños a la economía nacional. La realidad fue otra porque el sostenido aumento a los salarios mínimos tuvo un efecto dinamizador en la economía y redujo desigualdades.

Todo eso no significa que el gobierno de AMLO haya sido perfecto y no hubiera cometido errores, pero puestos yerros y aciertos en la balanza, el resultado es muy favorable para el Presidente en retiro. Así se explica que, además de los atributos personales de Claudia Sheinbaum, el legado sexenal de AMLO haya sido un poderoso motor que contribuyó a darle a la actual mandataria un éxito electoral sin precedente en México.

Resta mucho por hacer, pero la hazaña del gobierno de AMLO es una realidad que abre la puerta a nuevos logros en materia social. Y quienes se obstinan en negar lo evidente, navegan en la irrealidad y construyen su naufragio.

Deudas en reducción

Entre los pocos reconocimientos de los malquerientes de la 4T destaca el del líder del Partido Acción Nacional, Jorge Romero, quien, al celebrar las cifras difundidas por el Inegi, señaló que la reducción de la pobreza en México debe ser objetivo común de todos quienes desempeñan un cargo público o político.

“Nos da gusto y alegra que las familias mexicanas vivan en mejores condiciones, y desde el PAN manifestamos nuestra disposición por mejorar las deudas que se tienen al respecto en México, que siguen siendo todavía”, dijo el panista.

Una de esas deudas ha comenzado a pagarse, pues como subrayó la presidenta Sheinbaum hace unos días, la diferencia entre el decil de ingreso mas rico y el más pobre se redujo. Entre 2006 y 2012 esa diferencia era de 38 veces y ahora es de 14 veces. Donde hubo también avances significativos fue en cinco carencias sociales: acceso a la alimentación de calidad, reducción de rezago educativo, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda y acceso a servicios de vivienda.

Por todo ello, la aceptación al gobierno de Sheinbaum posee rangos similares a los que tenía su antecesor. Su aceptación general es de 74 por ciento, de acuerdo con la encuesta de Heraldo Media Group, en alianza con Question Mark. A tono con las cifras del Inegi sobre salud, este sector es el peor evaluado en la misma encuesta, con solo 56% de aprobación.

Periodista

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