“Uno puede defenderse de los ataques; contra el elogio se está indefenso”.—Sigmund Freud

“¿Qué hora es?”, preguntó el Presidente; la respuesta de uno de sus subalternos salió disparada cual proyectil: “La que usted diga, señor Presidente”. La anécdota se le atribuye a Porfirio Díaz y ya con el paso de los años se les ha endilgado a otros mandatarios, sobre todo priistas, tal vez el más recordado con José López Portillo y la gobernadora de Colima Griselda Álvarez Ponce de León, aunque testigos sostienen que fue en son de broma. Lo cierto del caso, es que la frase simboliza la práctica común de los políticos de vieja y no tan añeja cuña, la adulación al tope cuando la figura presidencial era reverenciada como figuras intocables a la altura de un emperador y aunque se fue diluyendo, de nuevo pareciera renacer como figura de un régimen totalitario. La lambisconería es evidente en eventos públicos, donde funcionarios y legisladores suelen elogiar de manera exagerada a presidentes, gobernadores y líderes partidistas. Frases como “nuestro líder visionario” o “el mejor presidente de la historia” se escuchan con frecuencia, aun cuando la evidencia objetiva no respalde tales afirmaciones. Además, es común ver a políticos que cambian de partido o de postura ideológica para alinearse con quien ostenta el poder en ese momento.

Otra anécdota de ese tamiz, sin precisar a qué presidente se refiere, fue cuando dos secretarios de estado platicaban: “Oye, ¿te enteraste de que los cocodrilos vuelan?”, a lo que el otro respondió después de la carcajada: “Estás equivocado, ¿quién te dijo esa estupidez?”, el otro reviró: “Lo dijo el presidente”; la contestación, épica: “Ah, bueno. Es que sí vuelan, pero muy bajito”. Javier Jiménez Espriú quien fuera secretario de Comunicaciones y Transportes en el gobierno de López Obrador, llegando al aeropuerto de Oaxaca fue abordado por reporteros, en esto que se llama entrevista banquetera y uno preguntó: “¿Qué opina de rifar el avión presidencial?” El funcionario sonrió y gesticuló como si quisiera decir un: “¡Ay, no mames!”, pero cuando se le señaló que minutos antes se anunció en la mañanera que el primer mandatario había dicho que se emitirían 6 millones de boletos de a quinientos pesos, encogió los hombros, como diciendo: “ah bueno, lo dice el presidente”, para con una risa nerviosa contestar incrédulo: “No, no creo. Hay otras opciones”.

Las veces que en el sexenio anterior se dijo una y otra vez que tendríamos el mejor sistema de salud, todos los cercanos al presidente asentían con la cabeza o callaban. Uno de los golpes de timón mas notorios dados por la Presidenta, es sin duda, en el tema de salud. Después de haberse presentado el programa de República Sana, un decálogo bien estructurado y prometedor, el actual secretario de Salud el doctor David Kershenobich Stalnikowitz, fue cuestionado: “¿Doctor, con este plan podemos decir que, ahora sí, ya estamos como en Dinamarca?” Rodeado de reporteros, el médico de rostro afable esbozó una amarga sonrisa, se acomodó los lentes y tomó aire para contestar: “Que sea de Dinamarca, quiere decir que sea con calidad, que sea con eficiencia, que sea para toda la población. No será como Dinamarca, porque se va a tratar que haya calidad, ciencia y que sea para toda la población”. Es sin duda que las acciones son las que pesarán siempre más que la palabrería. Ante la estrategia del combate al crimen de la actual administración, los resultados hasta ahora son bastante alentadores y lo que en su momento ningún funcionario cercano se atrevió a cuestionarle a López Obrador sobre su nefasta propuesta, actualmente, al menos no recuerdo hasta el momento a algún reportero objetar si aún estamos ante los “abrazos, no balazos” de su antecesor.

Pero la adulación a los mandatarios no pareciera tener niveles. Hace unas semanas, durante la primera ceremonia del Grito encabezada por la Presidenta, la arenga no incluyó ninguna mención a la 4T o a López Obrador, no así algunos ediles o gobernadores, como Rocha Moya que en su acto privado, por la inseguridad en Culiacán, sin público soltó un; “Viva Claudia Sheinbaum”. Algunos actos de servilismos son tan burdos que incluso el mismo López Obrador se mostró incómodo, más de una vez, con el seudo periodista Carlos Pozos (a) “Lord Molécula”, un lamebotas sin parangón. En Anécdotas de Reporteros, una excelente recopilación de Félix Ucán, se narra cuando en una ocasión en una gira un alcalde invitó a comer al entonces gobernador Víctor Cervera Pacheco; cuando aquél cuestionó que no hubiera una mesa para los amigos de la prensa que lo acompañaban, lejos de enmendar la omisión, el edil hizo un alarde de zalamería de que el convite era solo en su honor y comitiva; de inmediato don Víctor, molesto, se retiró, lo cual se cuenta fue la tumba política del presidente municipal . Y es que la lambisconería: ¡claro que incomoda! Recordemos cómo en giras, López Obrador parecía disfrutar un tanto los abucheos a los gobernadores de oposición hasta que ponía orden, a diferencia de la Presidenta que recientemente atajó de inmediato las rechiflas al gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, amagando con abandonar el templete: “Si están esos gritos, mejor nos vamos. ¿Vamos a respetar? Levante la mano quién va a respetar. Si no hay respeto nos vamos todos, ¿verdad que no? Bueno”.

Hace unos días, se viralizó la imagen del gobernador Joaquín Díaz Mena, mientras le sostenían un paraguas en medio de la lluvia. Lamentablemente este simple acto irradia servilismo, algo de lo cual el mandatario es ajeno y es claro, con todo respeto, lo atribuyo más a un descuido, pifia o estas acciones bien intencionadas de su equipo que no siempre son bien recibidas. No faltaron las comparaciones con la lista de gobernantes que no les importaba mojarse, mientras la tremenda comentocracia los calificaba de exhibicionistas o paleros. Lo cual nos recuerda algo muy propio de los mexicanos: “con nada estamos conformes” o “siempre le buscamos un pelo a la sopa”. Lo cierto es que esto se volvió viral, y llegó hasta a nivel nacional, señalado como una falta de sensibilidad y no de lo que seguramente fue: un traspié de sus asesores.

La adulación en la política simplemente se ha vuelto viral. Hemos señalado que Fernando Savater sentenció que: “El internet se ha convertido en el ombligo de la cultura”. Me atrevería a decir que va mucho más allá. Es claro que ahora el llamado “Quinto Poder” es ya una referencia sociocultural de grupos de puntos de vista atípicos en la sociedad contemporánea, representada por blogueros o periodistas que publican en medios no convencionales. Así estamos mientras se revive a Juan Gabriel en París o a los políticos se les descubren más propiedades que al nopal y se han convertido ya en las presas favoritas de las redes.— Mérida, Yucatán

Médico y escritor

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