Extracto de las palabras del presidente del Colegio Notarial de Yucatán, en la entrega de las medallas otorgadas a Luz Margarita Mejía Cáceres y Fernando López Monsreal, por el gobierno del Estado, en el marco del Bicentenario de la Institución del Notariado Yucateco.
Cuando don Alonso Quijano, mejor conocido como don Quijote de la Mancha, recobró la cordura, dijo a quienes lo rodeaban “tráiganme un confesor que me confiese y un escribano que haga mi testamento”. El escribano, cuenta don Miguel de Cervantes, después de haber hecho la cabeza del testamento, llegó a las mandas y nombró legatarios a su sobrina y a Sancho Panza, designó a los albaceas, todo conforme a las instrucciones del ingenioso hidalgo, quien tres días después (y cito textualmente) “dio el espíritu, quiero decir que se murió”.
A pesar de que todo salió de la portentosa imaginación y pluma de Cervantes, no puedo evitar pensar cuando leo y releo esas deliciosas líneas, la escena con la que se encontró el notario, en esas épocas llamado escribano. Estaba ante un hombre, en esos momentos al parecer lúcido, pero saliendo de una locura intensa y cuyas demenciales hazañas ya eran famosas. Ante esta situación me cuestiono ¿qué le hubiera preguntado como notario para cerciorarme de su cordura? en la escena se encontraba un médico, un cura, un bachiller, Sancho Panza y la sobrina, dos de ellos impedidos para ser testigos de su estado mental, por su interés jurídico. ¿Sería suficiente el dicho del cura, del médico y del bachiller? ¿Quién me garantiza sucordura y voluntad? ¿habría que negarle el testamento por suponer algún tipo de chantaje o presión a la que podría hallarse sujeto un pobre hombre desgastado en su lecho de muerte?, o, por el contrario, ¿ hacer el testamento era lo correcto?
En este caso la respuesta es fácil porque el autor, quien es dios dentro de su historia, nos la revela. Sin embargo, en la vida real, esa es la clase de dilemas con la que los notarios nos encontramos día tras día, pues a diferencia de lo que se lee en una novela, no siempre resulta claro si lo que nos manifiestan las partes coincide con la realidad. Los notarios tenemos que estar siempre alerta para saber si cada persona tiene capacidad para celebrar el acto jurídico, para constatar si el texto que se ha de firmar refleja fielmente la voluntad de las partes. Debemos explicar a los que acuden a nosotros el alcance legal de lo que se firma y descifrar si realmente lo comprendieron; constatar que la persona sea quien dice ser, que no se nos presenten documentos falsos, que no cometamos errores, que no haya vicios del consentimiento, que preveamos qué impuestos se han de pagar y que los calculemos bien, y sobre todo si el criterio de la autoridad que ha de valorar nuestros actos coincide con el criterio que hemos aplicado. Y así hasta el infinito.
Las normas jurídicas son generales, abstractas e impersonales, por los que no siempre resulta fácil aplicarlas a casos concretos. Para eso existe la ciencia del Derecho, no se puede solamente con buenas intenciones desentrañar el sentido de la norma. Debemos utilizar los métodos de interpretación que la evolución del Derecho nos ha enseñado: la literalidad, la lógica jurídica, la sistemática, la auténtica y la teleológica.
Además, la evolución en los enfoques de los principios de igualdad, de no discriminación, de los derechos de los que viven con alguna discapacidad y la atención especializada de todos los grupos vulnerables, con los modernos paradigmas, ha hecho revolucionar el Derecho y con ello la actuación notarial.
Los notarios nos encontramos hoy día ante grandes desafíos. La buena noticia es que somos muy buenos superando retos.
Los avances tecnológicos hacen imperativo estar a la vanguardia en innovaciones que aumenten la eficiencia y transformen la manera como prestamos nuestros servicios, sin sacrificar la seguridad jurídica.
Los sellos digitales, la firma electrónica y las actuaciones remotas, son herramientasque deben estar en funcionamiento. El Colegio Nacional del Notariado Mexicano, con la colaboración de sus homólogos de todo el país, se encuentran muy activos trabajando en su implementación.
Ante todos estos retos, toman importancia las dos medallas de reconocimiento en el marco de la conmemoración del bicentenario del primer decreto que instituye el notariado en Yucatán (ya como entidad federativa de México independiente), que el gobierno del Estado otorga a los abogados Luz Margarita Mejía Cáceres y Fernando López Monsreal, por ser la notaria y el notario, respectivamente, con mayor antigüedad en el ejercicio de la función y cuya trayectoria se ha distinguido por su rectitud, profesionalismo y servicio a la sociedad.Muchas felicidades por este merecido galardón, porque han sido un ejemplo de lo que debe ser un notario. Esta distinción no se trata únicamente de un homenaje, sino de poner en relieve sus innumerables virtudes para que sirvan de guía a las diferentes generaciones de fedatarios. Soy portavoz, además, del respeto, cariño y admiración que les profesamos todos los que integramos el gremio notarial.
Reconocemos al gobierno del Estado la disposición y trabajo para velar por que los notarios, dentro de los cauces legales y éticos, cumplamos con nuestra labor con todo el respaldo que esta función requiere. Llevamos tatuado el compromiso con la legalidad, la justicia y la seguridad jurídica de todos los integrantes de la sociedad, especialmente con los más necesitados. Muchas felicidades a todos lo notarios en este bicentenario.— Mérida, Yucatán
Presidente del Colegio Notarial del Estado de Yucatán
