La realidad incómoda para este 2026, crecimiento moderado. Ante la continua incertidumbre de los mercados causada por políticas migratorias y comerciales externas, una caída de remesas que presiona a la baja el consumo privado, así como la revisión del T-MEC para julio de este año y la relocalización de las cadenas de suministros (nearshoring) obliga a los inversionistas a exigir rentabilidad ajustada según el riesgo esperado.

De acuerdo con datos del Banco de México (Banxico) y la Comisión Económica de América Latina y el Caribe (Cepal), el panorama en México sigue mostrando señales mixtas, pues se prevé el aumento de la inflación superior al 4% para este 2026, el recorte de las tasas de interés ante una economía vulnerada a choques externos y el 1.3% de crecimiento del PIB. El reto estará en mejorar la confianza, la inversión y el crecimiento sostenido.

¿Qué implica esto para el inversionista?

La pregunta clave ya no es “¿Qué sector está de moda?”, sino “¿Qué sectores harán posible que se detonen nuevas oportunidades de inversión?” si bien el “nearshoring” seguirá siendo el tema sobre la mesa como oportunidad de inversión también la capacidad para resolver cuellos de botella como falta de capacidad instalada, rediseño del consumo (turismo, comercio, datos) y la infraestructura crítica de energía y agua dictarán nuevas oportunidades para este año. El capital invertido debe estar enfocado a convertir las restricciones en ventajas competitivas pues quién llegue con una adecuada planeación y disciplina financiera, así como visión a largo plazo encontrará oportunidades reales.

El 2026 será menos un año de “apostar a todo” y más uno de invertir con lupa en tres variables; relocalización de cadenas de suministros (nearshoring), infraestructura hídrica y eléctrica crítica en las regiones y el cambio en el consumo y la logística.

Los factores decisivos siguen siendo la infraestructura hídrica y eléctrica, en el caso de energía se anunció por parte del gobierno federal que en 2026 la Comisión Federal de Electricidad iniciará la construcción de proyectos para aumentar la generación de electricidad lo que beneficia la industria generando un ambiente de confianza para incentivar el nearshoring, siendo aún el reto no solo generar más, sino llevar esta electricidad a donde se demanda. La infraestructura hídrica también se ha vuelto prioridad pues no basta con extraer el agua: también hay que tratarla, sanearla y operar eficientemente la red para asegurar disponibilidad, calidad y continuidad, esta capacidad de gestión permitirá crear las condiciones necesarias para atraer y sostener la inversión.

De igual forma, el nearshoring sigue dominando la narrativa en México, pues el 2026 se convertirá en un año de ejecución.

La revisión del T-MEC contempla que los tres países: Canadá, Estados Unidos de América y México, se reúnan para una revisión conjunta y firmen de ser exitosa la jornada una extensión por 16 años adicionales, esto lograría mejorar la certidumbre para la inversión, incrementaría la inversión extranjera directa y mejoraría la cadena de valor clarificando reglas que mejorarán la ejecución en aduanas y otras facilidades comerciales, logrando obtener beneficios en costo y tiempo, de lo contrario entraríamos en un panorama donde las empresas pospondrían sus proyectos por riesgos políticos y comerciales, pues si el mercado percibe que “se puede complicar”, esto enfriaría las decisiones de inversión en activos (CAPEX) para proyectos con un horizonte de 5 a 10 años.

Para quienes invierten en activos, el inmobiliario industrial y la logística como almacenaje y cadena fría se beneficiarán cuando la región ofrezca mejorar la conectividad y los servicios. El filtro vuelve a ser el mismo: energía y agua disponibles.

Sur y Península de Yucatán: oportunidades concretas:

Desde hace décadas el sur siempre fue visto como “promesa”, hoy la inversión esta siendo más específica. Proyectos como la ampliación y modernización del Puerto de Progreso mencionado en la plataforma oficial de Proyectos México, representa oportunidades para mejorar la logística, la industria y el turismo pues esto incrementará la capacidad operativa para los próximos años. ¿Por qué importa? Porque la logística crea economías de aglomeración: más capacidad portuaria mejora la conectividad elevando el atractivo para parques industriales, centros de distribución regional y el turismo de cruceros.

Oportunidades para invertir en la logística e industria ligera en Mérida con conexiones hacia Quintana Roo y Campeche, como bodegas, cadena fría, transporte especializado y servicios de empresa a empresa (B2B) para manufactura y agroindustria. El turismo que conecte con la economía local a través de infraestructura que acerque las experiencias gastronómicas y culturales, así como tours hospedaje y servicios digitales para su comercialización. El crecimiento de la oferta de inmobiliaria y su continuo desarrollo en lujo que puede traer un riesgo claro de desbalance por la falta de demanda real, pues el negocio esta en segmentos tradicionales y de interés social que hoy se encuentran subatendidos, por lo que los servicios de consultoría financiera especializada se vuelven una necesidad para generar estrategias medibles, financiables y controlables.

En 2026, México se resume así, el capital va a privilegiar proyectos capaces que puedan transformar las limitaciones en una ventaja. En el centro y norte, la prioridad estará en las soluciones que destraben el crecimiento industrial, sobre todo en energía y agua, en paralelo especial observación en el desarrollo del T-MEC que dictarán los siguientes 16 años del futuro del país y será clave para sostener el nearshoring y la inversión. Al igual que la Península de Yucatán, que debe tener especial foco en mejorar la conectividad de la región mediante la infraestructura, logística y movilidad que impulsen el turismo y el desarrollo de una base industrial regional más competitiva. Pues quien invierta con esta lógica convertirá restricciones en infraestructura, eficiencia y ejecución con mayores probabilidades de capturar valor en el nuevo ciclo.

Profesor de la facultad de Economía y Negocios en la Universidad Anáhuac Mayab

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