La iniciativa oficial de reforma electoral tiene contenidos negativos que conviene revisar, como el de los tiempos en radio y televisión, pero ofrece importantes virtudes que, a no dudarlo, implican avances democráticos.
Una de las principales virtudes de la iniciativa de Claudia Sheinbaum es el empoderamiento del ciudadano, quien —si se aprueba la propuesta— podrá elegir directamente en la boleta respectiva no sólo a diputados de mayoría, sino también a los que ahora se conocen como plurinominales.
Hasta ahora, los 500 diputados federales se dividen en dos tipos: los de mayoría relativa (300) y los de representación proporcional o plurinominales (200). Cuando se anunció la iniciativa, se habló de la desaparición de los plurinominales, y la supuesta extinción de esa desprestigiada especie legislativa fue saludada por sectores importantes de la sociedad.
Eso porque la figura plurinominal se había pervertido respecto de sus propósitos iniciales, que eran llevar a San Lázaro a especialistas en distintas disciplinas y saberes, para fortalecer la tarea legislativa, y a la vez propiciar la pluralidad ideológica. Ambos propósitos se tergiversaron porque la figura plurinominal sirvió sobre todo para otorgar curules privilegiadas (no requerían hacer campaña) a los líderes partidarios que confeccionaban las listas de candidatos, a sus parientes, amigos, o incondicionales.
Además, la baja participación de muchos plurinominales en iniciativas propias y su frecuente inasistencia a las sesiones de su Cámara, les confirieron la fama de holgazanes y zánganos del panal congresista. De ahí que se celebrara su supuesta desaparición. Adicionalmente, el confeccionar las listas de candidatos a “pluris” confería a los líderes partidarios un poder excesivo que atropellaba las prácticas democráticas que deberían existir en la vida interna de los partidos.
Pues bien, la propuesta presidencial desaparece a esos plurinominales con sus actuales características, pero no altera el número de diputados, que seguirán siendo 500, sólo que con modalidades que rompen el esquema anterior.
Los 300 de mayoría relativa se mantienen como están y los otros 200 se dividen así: a) 97 serían los mejores perdedores por así llamarlos, es decir los 97 que no ganaran y obtuvieran los mejores resultados de sus partidos; b) 95 serían elegidos en votación directa, 19 por circunscripción, y votando cada ciudadano por un hombre y una mujer; c) 8 que representarán a los mexicanos residentes en el extranjero.
En la actualidad, al sufragar por un candidato de mayoría, se vota automáticamente por la lista plurinominal de un partido. Con la reforma, los 95 diputados del segmento b serían escogidos en forma directa por los votantes, sin importar el orden de prelación predeterminado por los líderes partidistas. Y esto claramente empodera a los ciudadanos y resta poder a los dirigentes partidarios, lo cual explica su rechazo a la reforma.
Plus digital: PREP y tiempo de radio-TV. Hay que celebrar la permanencia del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), cuya eliminación fue planteada inicialmente como parte de la reforma electoral.
Tiene razón la Presidenta cuando sostiene que es posible iniciar el cómputo de votos el mismo día de la elección, sin necesidad del PREP, pero también tienen razón quienes rechazaron la eliminación de éste porque se demoraría la obtención de tendencias firmes sobre quién ganó la elección presidencial y ello habría generado sospechas e incertidumbre.
Visto en sus justos términos, el PREP es un generador de certeza —que es un principio electoral— y de confianza, y no merecen perderlo nuestras elecciones. En buena hora se dio marcha atrás a la decisión de eliminarlo.
En relación con los tiempos en radio y televisión y sin detenerme en la discusión de si las televisoras comerciales tendrán más tiempo para comercializar o no, hay un factor que se está pasando por alto.
Actualmente son seis partidos los que se reparten esos tiempos durante la campaña electoral, pero pronto habrá más competidores que participarán en la distribución de tiempos. El número de los nuevos partidos no ha sido determinado aún por el INE, pero son al menos tres los que parecen haber reunido los requisitos, si bien las cifras de asambleas y afiliados no han sido avaladas por el órgano electoral.
Un término medio podría ser, si se decide no mantener los tiempos como están, fijar un mínimo de minutos que se amplíe conforme al número de partidos registrados.
Periodista
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