Cuando todavía se debate la acción de la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, por la supuesta autorización de agentes de la CIA en operativos contra las drogas, surge una acusación severa contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y nueve funcionarios de su estado por “dar protección al Cártel de Sinaloa”.
No tiene punto de comparación el primer evento con el segundo. En el caso de Chihuahua las autoridades federales, desde la presidenta Sheinbaum y algunos seguidores, criticaron durísimo a la mandataria Campos cuando todavía no está claro si los cuatro agentes de la CIA tenían permiso para actuar o se infiltraron con las autoridades estatales y el Ejército.
Lo cierto es que participaron en un operativo muy exitoso para desmantelar un enorme laboratorio de metanfetaminas y de no ser porque dos de los agentes murieron en un accidente de auto posterior, quizás nadie habría sabido de su existencia.
En el caso del mandatario sinaloense y sus colaboradores, los cargos provienen de la Corte de Nueva York donde el juez federal Jay Clayton acusa a Rocha Moya y funcionarios cercanos de facilitar el trasiego de fentanilo, cocaína, heroína y metanfetamina a Estados Unidos, y también de brindar protección al poderoso cártel.
Las acusaciones son secundadas por el administrador de la DEA, Terrance Cole, pero además están solicitando su pronta detención con fines de extradición.
Por supuesto que la gran diferencia es que Campos es panista y Rocha del clan Morena, quizás por ello la Fiscalía General de la República salió de inmediato a defender a los sinaloenses.
Un comunicado de la Fiscalía asentó que “Estados Unidos no aportó evidencias contundentes contra Rubén Rocha Moya y otros 9 funcionarios en la solicitud de detención provisional con fines de extradición”.
Vaya, ni siquiera fueron cautelosos para reconocer que no habían revisado a fondo la solicitud del juez norteamericano para dar una respuesta en un tiempo razonable.
En el boletín el fiscal de Asunto Relevantes de la FGR, Ulises Lara, suaviza la nota para informar que se analizará la documentación recibida con la finalidad de establecer si existen elementos probatorios necesarios. Pero antes dijeron que no existían elementos contundentes.
Todavía más, la Fiscalía protestó porque las autoridades norteamericanas “violaron la confidencialidad de la solicitud de detención provisional con fines de extradición contra Rocha Moya y sus coimputados”.
De varios años atrás Rocha ha sido señalado por una presunta complicidad con el Cártel de Sinaloa, para nadie es un secreto que guarda relaciones con sus dirigentes y se le acusa de haber pactado un encuentro con el capo Ismael “El Mayo” Zambada antes de su secuestro y traslado a Estados Unidos.
Pero siendo miembro de Morena y cercano a Andrés Manuel López Obrador a Rocha Moya ninguna autoridad mexicana lo ha molestado y está por verse la posición que tomarán con respecto a estos graves señalamientos del juez federal neoyorquino.
Si México coopera con Estados Unidos y se comprueban los cargos, no quedará más remedio que extraditarlo, pero si existe resistencia o demora de nuestro país podría presentarse un operativo similar al ocurrido en Venezuela con Nicolás Maduro, pero esperamos que no se llegue a tal extremo.
Por cierto que entre los señalados por el juez federal destacan el senador Enrique Inzunza Cázares y el alcalde de Culiacán, ambos cercanos a Rocha Moya. Se incluye además a varios jefes de seguridad, fiscales y algunos ex funcionarios estatales.
Este asunto deja, pues, muy atrás la efervescencia política que levantó el caso Chihuahua por tratarse de una acusación formal y directa contra un gobernador en funciones en el escabroso tema del narcotráfico.
Las relaciones entre los gobiernos de México y Norteamérica sin lugar a dudas se volverán a tensar y a complicar, quizás al mayor grado que se haya registrado durante las administraciones de la presidenta Sheinbaum y de Donald Trump.
Y a propósito, ¿qué pensarán allá en el lejano Palenque por este nuevo asunto del amigo Rocha Moya?
Noticias, noticias. Como “anillo al dedo” le cayó al presidente Trump la tentativa de asesinato contra él y de varios miembros de su gabinete, ante su imagen abatida por la guerra contra Irán. Van por lo menos tres atentados en menos de dos años, ¿no podrá la guardia presidencial detectar previamente a los atacantes y evitar escenas como las que vivieron en una cena de gala la élite periodística y la cúpula del poder en Washington?
jhealy1957@gmail.com
Periodista
