A propósito del día mundial del libro que ha pasado, vale la pena hacer algunas reflexiones sobre esa importante conmemoración, cuyo objetivo principal es valorar la importancia que tienen los libros en el desarrollo humano y factor del cambio social. Una sociedad sin lectura y sin libro, es una sociedad que estará supeditada a la ignorancia, a los intereses del poderes, que prefieren un pueblo iletrado.
Y es que la lectura debe ser para todos, debe ser una herramienta fundamental de crecimiento personal y cognitivo, ser accesible, no debe ser exclusivo para algún sector solamente. La lectura debe ser un hábito democratizado y es obligación de las autoridades tener como prioridad la promoción de los libros. Y que esto sea en definitiva, lejos de cualquier sesgo ideológico, sino respetando la libertad que como ciudadanos tenemos de leer lo que en libertad queramos leer.
Se deben promover los libros y su lectura para tener ciudadanos más críticos, con capacidad de análisis. Un pueblo que lee no puede ser engañado. La educación, la cultura y el pensamiento crítico crean una sociedad libre.
Cada 23 de abril, el mundo conmemora el Día Internacional del Libro, una fecha que no solo celebra a los autores y las obras literarias, sino que invita a reflexionar sobre el papel fundamental de la lectura en la vida de las personas y en el desarrollo de las sociedades. Los frutos de la lectura son la libertad, formación del pensamiento y de construcción de ciudadanía.
La lectura permite a las personas ampliar su visión del mundo, comprender otras realidades, desarrollar la imaginación. Diversas iniciativas culturales coinciden en señalar que el libro es un motor de crecimiento personal y social, capaz de enriquecer la identidad y la cultura de una comunidad. En este sentido, promover el acceso a los libros no es un lujo, sino una necesidad y una obligación.
Una sociedad o una autoridad que limita el acceso a la lectura o los libros, limita también sus oportunidades de desarrollo. Por ello, es indispensable que los libros lleguen a todas las personas, sin distinción de condición social, ubicación geográfica o edad. Esto es especialmente relevante en comunidades más alejadas, donde muchas veces las bibliotecas son el único contacto con el conocimiento universal.
Por cierto, hablando de bibliotecas, en Yucatán hay que fortalecer aún más el hábito lector y descentralizar la cultura, que los libros lleguen a todas la comisarías en todo lo ancho y largo de la entidad.
Hay que enseñar leer desde las infancias, que esto sea un hábito en todos los niños, solo así pueden alejarse de los juegos electrónicos, tabletas y celulares que los tiene atrapados preocupantemente en estos tiempos. Leer libros desde la infancia fortalece la creatividad, la empatía y la capacidad de análisis.
Las bibliotecas escolares juegan un papel importante. Que leer no solo sea una cuestión administrativa u obligación académica, que no sea una carga, sino que sea algo que nazca de los niños: el amor a los libros. Por eso los libros deben estar fuera de toda tentación de formación ideológica como han pretendido hacer en la educación pública.
Por el contrario los libros deben ser un espacio de libertad, donde el lector explore ideas, cuestione, imagine y construya su propio criterio. Cuando la lectura se instrumentaliza con fines ideológicos, pierde su esencia formativa y se convierte en un medio de imposición, lo cual limita el pensamiento crítico en lugar de fortalecerlo.
En Yucatán hay alrededor de 160 bibliotecas públicas ¿En qué condiciones están? ¿Cuántos libros tienen? ¿Qué tipo de libros? Es un hecho que muchas bibliotecas enfrentan desafíos importantes de infraestructura, mantenimiento o modernización.
Otro aspecto sumamente importante que ya debe empezar a valorarse y trabajar en ellos, son la implementación de tecnología en ellas, muchas aún dependen principalmente de acervos físicos y carecen de servicios digitales robustos.
Es muy triste ver como desde hace años existe una baja afluencia en las bibliotecas. Allí es lo que hay que promover. Ahora se hace fácil utilizar un aparato electrónico para obtener datos, pero no todos tienen esa facilidad. Hay que diseñar una visión moderna de bibliotecas en el Estado, que sean atractivas, con colecciones vigentes y contemporáneas, contenidas locales y materiales diversos. Que sean lugares vivos, no solo un depósito de libros.
Uno de los grandes retos actuales es la transición hacia sistemas digitales. La digitalización no sustituye al libro físico, pero sí amplía su alcance. A través de bibliotecas digitales, repositorios y plataformas en línea, es posible democratizar el acceso al conocimiento y llegar a más personas, incluso en lugares remotos.
Los repositorios digitales, por ejemplo, permiten almacenar y difundir información de manera abierta, facilitando el acceso libre al conocimiento y contribuyendo al desarrollo social.
Hay entonces una oportunidad. Que en Yucatán los libros sean revalorados.— Mérida, Yucatán
mariomaldonadoes@gmail.com
@mariomaldonadoe
Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa
