La vida de los espías es conocer, no ser conocido, George Herbert
¿Qué tienen en común Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez?… Los tres fueron presidentes de México…, los tres miembros del PRI… y, sí, los tres agentes de la CIA; sí leyó bien, de la CIA.
Esta Agencia Central de Inteligencia, independiente, es el principal medio de información exterior, trascendental para los Estados Unidos, creada por Harry S. Truman tras la Segunda Guerra Mundial en 1947.
Su función primordial es compilar, observar y valorar datos sobre gobiernos, organizaciones e individuos de otros países, para asesorar al presidente y su gabinete sobre medidas de seguridad nacional; en síntesis: Inteligencia exterior.
Actúa fuera de Estados Unidos, diferenciándose de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), que se centra en el ámbito nacional. Además de espionaje, realiza operaciones encubiertas (clandestinas), para proteger los intereses del vecino del norte.
En 1956 con la llegada del agente Winston M. Scott a Ciudad de México y su nombramiento como jefe de la estación mexicana, se crea la Operación Litempo, contando con la colaboración del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y la Dirección Federal de Seguridad (DFS), que fue una agencia de inteligencia y policía política mexicana (operó entre 1947 y 1985), desde la gestión de Miguel Alemán Valdés. Tenebrosa arma de represión durante la “Guerra Sucia”, vigilar, reprimir, desaparecer y violar derechos humanos de contrarios al régimen y, por lo tanto, afín a la estrategia de inteligencia y espionaje orquestado por la CIA en México, durante la “Guerra Fría”.
El objetivo de Operación Litempo era claro: espiar, informar, infiltrarse y combatir a los movimientos de izquierda en territorio nacional.
La red establecía códigos encriptados para proteger la identidad de los mandatarios y sus operativos ante posibles filtraciones. De esta manera: Adolfo López Mateos era identificado como Litensor, Gustavo Díaz Ordaz fue Litempo-2 y Luis Echeverría Álvarez, Litempo-8. El programa funcionaba mediante un intercambio de beneficios: la CIA proporcionaba equipo de escucha telefónica de última generación (Lienvoy) y entrenamiento especializado, mientras que los funcionarios mexicanos entregaban reportes de inteligencia, transcripciones de llamadas y facilitaban la vigilancia física de diplomáticos extranjeros especialmente de Cuba y la Unión Soviética.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la política exterior de Estados Unidos desarrolló una Doctrina de la Contención, para frenar la expansión de la influencia soviética en el hemisferio occidental.
México, debido a su frontera compartida y su tradición de asilo político, fue durante este período un “nido de espías”, concentrados en la capital, donde coexistían delegaciones diplomáticas del bloque socialista y agentes de la inteligencia occidental y soviéticos.
Se establecieron firmes relaciones personales con la élite política mexicana, partiendo de la premisa de que la estabilidad del régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI) era vital para la seguridad nacional de los Estados Unidos.
Lázaro Cárdenas del Río, expresidente de México; Vicente Lombardo Toledano, sindicalista y diputado; David Alfaro Siqueiros, pintor, muralista y escritor; Luis Quintanilla del Valle, escritor y exembajador de México en la Unión Soviética figuraron en la lista de personajes identificados con la izquierda y francamente prosoviéticos según la CIA.
El programa se desmoronó tras operaciones desastrosas durante el movimiento estudiantil de 1968 y graves errores de inteligencia. Estos últimos ocurrieron cuando la CIA transmitió a la Casa Blanca una versión distorsionada de la masacre de Tlatelolco, basada en la información proporcionada por sus activos mexicanos. De lo que fue en realidad, un movimiento de firmes demandas autónomas a una tétrica conspiración comunista.
Ahora bien, la principal diferencia entre la CIA y el FBI es su ámbito de actuación: la primera opera fuera de Estados Unidos, recopilando información extranjera, no tiene funciones de aplicación de la ley, mientras que el FBI es una agencia policial que investiga delitos que ocurren adentro. La CIA tiene prohibido espiar habitualmente a ciudadanos estadounidenses dentro de su país. Ambas agencias forman parte de la Comunidad de Inteligencia y a menudo colaboran en temas de antiterrorismo. La CIA solo tiene que rendir cuentas a los Estados Unidos.
Por otra parte, la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) en México, como agencia federal de Estados Unidos, rinde cuentas principalmente a sus superiores en Washington, D.C., no directamente al gobierno mexicano, operando en nuestro país, bajo un modelo de cooperación que frecuentemente presenta tensiones sobre soberanía y supervisión.
Recientemente se confirmó la muerte de Richard Later Johnston Tercero y John Dudley Black, señalados como agentes de la CIA que operaban en Chihuahua, tras un operativo para desmantelar un narcolaboratorio.
La Fiscalía General de la República (FGR), de México inició investigaciones sobre la presencia y actividades de estos agentes. El gobierno mexicano actual, bajo la presidenta Claudia Sheinbaum, ha señalado como “indebida” la participación directa de agentes de inteligencia extranjeros en operativos de campo dentro de México. Dos hechos lamentables. Los agentes de la CIA (se dice que eran cuatro, no dos) actuaron como lo que eran: espías o agentes encubiertos, por eso son espías…, mal, pero, no deja de ser llamativo cómo el tema se politizó de inmediato y los misiles oficiales se dirigieron contra la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, (Maru Campos). No es tema menor, si la mandataria chihuahuense se brincó a la presidencia, a tal grado de violar la Constitución, es porque existe una evidente falta de confianza entre los gobiernos estatales de partidos de oposición y la Federación.
Desde la lógica estadounidense, la CIA cumplió su labor al brindar información para evidenciar una enorme fábrica de estupefacientes, maniobrada por un grupo declarado antiterrorista y enemigo de Estados Unidos, a quien poco le importa la soberanía de los países, si para lograr un objetivo son tan osados que van directo a detener hasta presidentes (Noriega en Panamá, Maduro en Venezuela). De llamar la atención que al llegar las fuerzas federales no había ningún malandro: el auténtico “pitazo”, lo cual habla de filtraciones hasta en el mismo proceso. Mientras tanto, ahora sí que: “cabeza fría”, como dice nuestra primera mandataria; que no se esponjen, tal vez en estos momentos existan espías de la CIA…, literal en las narices de funcionarios y políticos.— Mérida, Yucatán
Médico y escritor
