
CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)
De nuevo el engaño, la información a medias o la manipulación; todo depende de lo que requiera la narrativa. Con el Segundo Informe de la presidenta Claudia Sheinbaum se confirmó una vez más esta semana que el discurso del régimen privilegia los indicadores que muestran avances y deja en segundo plano los que permitirían evaluar la eficiencia de la gestión pública.
“Vamos mejor y tenemos rumbo”, aseguró la mandataria. ¿Mejor? ¿Con rumbo? En efecto, hay resultados favorables: aumento del salario mínimo, un peso estable, inflación decreciente y más programas sociales, logros que en mucho se deben al esfuerzo de otros. Pero también hay reducida inversión en infraestructura productiva, bajo crecimiento económico y deuda descontrolada.
En materia de inversión para el desarrollo, se habla de pasajeros transportados, kilómetros construidos, empleos generados y barriles producidos. Pueden ser datos correctos, pero se omite información que permitiría saber si los proyectos son efectivos. ¿Cuánto se prometió gastar y cuánto fue el gasto real? ¿Se cumplieron los plazos anunciados? ¿Se requieren nuevos subsidios?
El régimen presume la obra, lo construido, pero una evaluación completa exige saber cuánto costó, cuánto produce, cuánto pierde y cuánto más tendrá que aportarse para mantenerla. El Informe destacó los datos que le favorecen y omitió otros relevantes. Se recorta la información hasta conseguir “la realidad” que necesitan. Y la pregunta es obvia: ¿por qué se atreven?
A pesar de los escándalos que rodean a renombrados morenistas y del fracaso de las obras insignia del obradorato —marcadas por sobrecostos, fallas y subsidios—, Claudia Sheinbaum se atrevió a decir que la infraestructura y la honestidad son “los pilares de la continuidad” de la “cuarta transformación”, y a cuestionar de nuevo “los excesos del pasado”. ¿Por qué se atreve?
El aparato propagandístico del régimen se dedicó a lo largo de la semana a destacar, por ejemplo, que la presidenta “respondió con cifras” a quienes han cuestionado la viabilidad de esas grandes obras. Resaltaron que el Tren Maya ya transportó a 2.5 millones de pasajeros, pero omitieron mencionar que el proyecto ya perdió casi 14 mil millones de pesos (bit.ly/3SIOltX). ¿Por qué se atreven?
Ante 300 invitados de élite, en ausencia del “pueblo”, la presidenta presumió en Palacio que los cuatro megaproyectos del obradorato “son un éxito rotundo”, pero omitió precisar que el Tren Maya, el Interoceánico, Dos Bocas y el AIFA han requerido, entre sobrecostos y pérdidas operativas, 650,000 millones de pesos adicionales a lo previsto. Y la factura sigue creciendo…
El Informe habló de finanzas sólidas y disciplina fiscal, pero omitió que la deuda pública llegó en 2025 al 53.1% del PIB, que el costo financiero ronda 1.3 billones de pesos anuales y que la inversión en infraestructura cayó 28.4%. Se atrevió a asegurar que “los derroches ya terminaron con la 4T”, pero no habló de los escándalos de lujos y conflictos de interés en el morenismo (bit.ly/4zXyrwj).
CONTRAPESOS
Con destellos de cinismo, Claudia Sheinbaum afirmó que su gobierno “garantiza las libertades y la democracia”, pero no hizo mención del debilitamiento de contrapesos derivado de las reformas institucionales que el régimen ha impulsado. A pesar del bajo crecimiento y la creciente inseguridad, concluyó, entre aplausos: “Entregamos buenas cuentas”. ¿Por qué se atreve?
¿Por qué se atreven a engañar, informar a medias o manipular, cuando esa conducta contribuye a deteriorar la confianza y, con ello, la disposición empresarial a invertir? La primera encuesta Data Coparmex 2026 informó esta semana que, en casos como Yucatán, el ánimo para invertir cayó este año a mínimos históricos, y la razón principal es precisamente la falta de certeza (bit.ly/4dmwgJ3).
“Si el termómetro marca fiebre, no hay que romperlo, hay que atender las causas, que en este caso es la desconfianza”, afirmó David Reyes Aguiar, presidente local de Coparmex. “Podemos escuchar muchas cifras de que vamos muy bien, pero tenemos que recuperar la confianza”, insistió. Al gobernador Huacho Díaz no le agradó. En “su realidad”, todo está “miel sobre hojuelas”.
¿Por qué se atreven? Porque pueden, porque se los permitimos y porque les resulta políticamente rentable. Gracias al clientelismo, Claudia Sheinbaum y su partido conservan aún alta aprobación y ventajas en intención de voto en buena parte del país, aunque muestran señales de desgaste, y las elecciones de 2027 están a la vuelta de la esquina. No se quieren arriesgar.
LA NARRATIVA
¿Y cómo conservan alta popularidad si hay evidentes problemas de inseguridad, corrupción, falta de crecimiento e ineficiencia administrativa? Porque una parte importante de los ciudadanos no evalúa solo los resultados, sino también el sentido de “pertenencia” y los beneficios que recibe: “Podrán equivocarse, pero los otros son peores”. La narrativa aún les funciona.
En el discurso obradorista, el pasado sirve como explicación permanente de los fracasos y el presente como escaparate de los éxitos. Ellos no cometen errores; son otros los responsables. Claudia Sheinbaum puede decir que “en México vamos bien” porque cuenta con una poderosa maquinaria de manipulación y porque los contrapesos a su poder son cada vez más débiles.
¿Por qué se atreven a engañar, informar a medias o manipular? Porque el costo de hacerlo aún es bajo para el régimen. No necesitan inventar completamente la realidad. Les basta con administrarla: seleccionar datos favorables, omitir los adversos, criticar el pasado y exagerar algunos resultados para convertir avances parciales en prueba de que todo el proyecto funciona.
Cuando los contrapesos se debilitan, resulta más fácil manipular. No olvidemos que una democracia se deteriora no solo cuando el gobierno miente, sino, sobre todo, cuando descubre que puede hacerlo sin pagar un costo institucional o electoral significativo. El régimen se la está jugando porque, al parecer, se lo estamos permitiendo. Tomemos nota.— Mérida, Yucatán
direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx (https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia
¿Cuál es el mensaje del texto?
El mensaje central del escrito es que el régimen obradorista no necesita necesariamente inventar la realidad para manipularla: le basta con seleccionar los datos que le favorecen, omitir los que contradicen su narrativa y presentar avances parciales como prueba de que todo marcha bien. El Segundo Informe de Claudia Sheinbaum sirve como ejemplo de esa construcción de una “realidad a conveniencia”, en la que los resultados favorables reciben amplia difusión mientras sobrecostos, pérdidas, endeudamiento, baja inversión, inseguridad y debilitamiento de contrapesos quedan relegados.
El texto busca además responder por qué el gobierno se atreve a hacerlo: porque todavía le resulta políticamente rentable. El respaldo electoral, el clientelismo, la identificación de una parte de la ciudadanía con el movimiento, la maquinaria propagandística y el debilitamiento de los contrapesos reducen el costo de informar parcialmente o manipular. La estrategia consiste también en atribuir los problemas al pasado y apropiarse de los resultados positivos del presente.
Pero la advertencia final va más allá de Claudia Sheinbaum o del Segundo Informe: una democracia comienza a deteriorarse seriamente cuando el poder descubre que puede manipular la realidad sin pagar un costo institucional o electoral significativo. Por eso el “se lo estamos permitiendo” traslada parte de la responsabilidad a la sociedad: los ciudadanos deben contrastar el discurso con los hechos, exigir cuentas y evitar que la ausencia de consecuencias convierta la manipulación en una forma normal de gobernar.
