Ante la debilidad de la oposición y el escaso interés que genera, pese a su estridencia contra la 4T, ya casi es un lugar común considerar que la verdadera confrontación política se está dando en Morena, entre sus dirigentes, grupos y precandidatos.
Confrontación explicable en un partido que se vuelve hegemónico, pero muy lamentable cuando el fuego amigo y la propaganda negra dominan la búsqueda de candidaturas. Peor aún cuando el desenlace es la inconformidad y las alegaciones de fraude, que evidencian cuán difícil es en México la cultura de admitir la derrota.
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