¡Cuánta razón tenía Jorge Luis Borges cuando sostenía que “Las tiranías fomentan la estupidez…”! Con tal de lograrlo, aquellas insisten en la sumisión colectiva de la sociedad, diseñan estrategias arteras para impedir que alguien piense libremente, de modo que no se pueda distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre la estupidez y la maldad, para lo cual, aprovechan la incapacidad de las masas para pensar, coordinarse y exigir cuentas. “Los pobres (AMLO dixit) son como animalitos, mascotas a los que se les debe alimentar porque no se pueden valer por sí mismos.”

Una tiranía erosiona las instituciones, es decir, manda “al diablo a las instituciones” de la República, deroga los organismos autónomos garantes de nuestra democracia, maneja a los estúpidos con emociones, con promesas de imposible cumplimiento, y jamás con argumentos, el líder, el “Tata” siempre cuidará a la nación… y también gritará a voz en cuello: “Muera la inteligencia”, al tiempo que controla no solo la educación, sino también la prensa y el Estado de derecho, es decir, destruye la garantía del desarrollo económico civilizado.

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