Quien fuera el candidato de Mauricio Vila a la gubernatura del estado es hoy un militante en Morena y ha manifestado intenciones de contender por la alcaldía de Mérida. Que si hay que esperar los tiempos, que si las encuestas. Es lo de menos.

Los hermanos panistas se desbordan en eufemismos cuando se trata de recordar el paso de Liborio Vidal por las filas del PAN. Quieren borrar el episodio, lo minimizan. Que no les falle la memoria para recordar cómo fueron las cosas; vamos, no ha pasado tanto tiempo.

“El amigo Libo” llegó al gobierno del Estado de la mano de Vila en el año 2021. Le hizo cancha. Los movimientos en su gabinete, justo antes de las elecciones de ese año, le sirvieron para deshacerse de algunas presencias incómodas y, al mismo tiempo, acomodar al expriísta en la Secretaría de Educación Pública a pesar de faltarle, a todas luces, las credenciales para la encomienda.

En un video reciente obtenido de manera espontánea Álvaro Cetina critica la afiliación del también expanista a Morena. ¿Les sorprende?, pregunta. El presidente del PAN parece olvidar el paso de Liborio por su partido, al que se afilió formalmente en el 2021. Antes militó en el PRI por 28 años (1991-2019). Tras un compás de ausencia entre el 2001 y el 2007 cuando militó en las filas del PRD tras desacuerdos políticos con el tricolor, al que retornó después para continuar militando en él por varios años más. En 2009 contendió por una diputación federal por el distrito 1 bajo las siglas del PVEM (en alianza electoral con el Revolucionario Institucional) y este domingo 18 de octubre anunció su registro e incorporación a las filas de Morena. Así de flexibles los principios del potencial candidato; así los principios del partido que hoy lo acoge; así de pobres sus alternativas y, en consecuencia, las nuestras.

En su momento, muchos juzgaron de arbitraria la actitud del gobernador Mauricio Vila quien, además de darle a Vidal una de las secretarías más visibles y con mayor presupuesto, alentó su presencia en eventos masivos y permitió actos de promoción personal que hubieran estado prohibidos para cualquier otro miembro de su gabinete. A la postre, en 2024, Renán Barrera fue el candidato a la gubernatura, pero el favoritismo de Vila por Liborio, los funestos resultados de la elección —para el PAN—, y los obstáculos que a todas luces procuró a Barrera, son factores que hacen que el exgobernador sea considerado por muchos como un traidor, un hombre que “vendió el estado a Morena”.

La verdad es simple: quien fuera su colaborador cercano, su hombre de confianza durante momentos decisivos para su partido, quien le juró lealtad en público, es hoy el más probable contendiente de Cecilia Patrón a la alcaldía de Mérida en 2027. El objetivo, sin embargo, no es el Ayuntamiento. Liborio quiere ganar o perder con una diferencia que le permita ser candidato a contender por la gubernatura en 2030.

Desde el 2015 y de la mano de Roger Torres, su principal operador político, Vila ha diseñado y calculado cada uno de sus movimientos con el afán de consolidar un proyecto personal que trasciende filias y fobias partidistas. En este proyecto solo reinan los intereses personales del exgobernador y se echará mano de personas, alianzas y relaciones de poder que están fuera de nuestras miradas. Su propósito es asegurar su lugar en la cúpula sin importar qué partido gobierne.

Para atenuar el desasosiego de los militantes o quizá intentar manipular la percepción ciudadana, Vila publicó el mismo día del anuncio de Liborio una foto al lado de la alcaldesa Cecilia Patrón a quien manifestó su “único e incondicional apoyo”. Una rápida mirada al pasado debería —al menos— tener a los panistas cuestionando la sinceridad de sus palabras.

Difícilmente una figura tan evidentemente desesperada por el poder como la de Liborio Vidal podría darle batalla a Cecilia Patrón, a quien su disciplina y templanza política le han permitido sobrevivir a embustes y madruguetes a lo largo de muchos años hasta convertirse en quien es hoy: la principal figura de su partido, sin cuestionamientos, por mucho que otros hayan buscado imponerse.

Además de administrar la escasez (en un municipio que ha crecido enloquecidamente y presenta problemas que quizá hace 20 años ella nunca imaginó que llegado el momento tendría que atender), a Cecilia le toca contener a un partido cuya imagen se cae a pedazos. Si algo queda de virtud en el PAN estatal, es gracias a ella y a pesar de muchos de quienes la rodean.

Como siempre, después de atravesar las tempestades que no cesan, nos toca a los ciudadanos reconocer la orfandad ideológica que nos obliga cada elección a elegir entre lo que nos imponen y no entre lo óptimo. Mientras tanto, los poderosos organizan sus enjuagues bajo la mesa, al cobijo de una oscuridad en la que no existen colores ni lealtades, sólo ansias inacabables de un poder que se busca a toda costa.— Mérida, Yucatán

Licenciada en Periodismo y maestra en Relaciones Públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado

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