Juan Carlos Lomónaco

La obra de Anton Bruckner exige un gran esfuerzo

Con el sonido particular de las tubas wagnerianas y la afinidad con una de las versiones dirigidas por Claudio Abbado, se podrá escuchar a la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) interpretar la Sinfonía No. 7 de Anton Bruckner, una de las obras más importantes del compositor, quien cambia el concepto de la sinfonía al expandirla.

Así lo indica el director titular de la OSY, Juan Carlos Lomónaco, quien dirigirá por primera vez esta pieza de Bruckner, lo cual es algo emocionante pero no fuera de lo común, pues frecuentemente estrena obras con la sinfónica yucateca o con otras agrupaciones a las que dirige como huésped.

Los instrumentos

La Sinfonía No. 7 de Bruckner tiene la particularidad de utilizar las tubas wagnerianas, las cuales fueron rentadas para las presentaciones que ofrecerán mañana viernes y este domingo.

Dichos instrumentos, explica el maestro, se usan poco, pues contados compositores las incluyeron en su repertorio. Bruckner lo hizo en las Sinfonías 7, 8 y 9.

Otros músicos fueron Strauss en la Sinfonía Alpina, y el mismo Wagner en el Anillo de los Nibelungos.

Precisamente fue Wagner quien las inventó y las mandó a construir para que sonaran como una mezcla entre corno y tuba, “es un corno con una profundidad de sonido distinta que Wagner buscaba para las Valquirias, para poder transmitir esa particularidad de sonido”.

Bruckner las usa en cierta forma en homenaje a Wagner porque lo admiraba. Precisamente, la sinfonía fue estrenada un año después de la muerte de Wagner, quien falleció en 1883.

Detalla que el uso de las tubas wagnerianas en la Sinfonía No. 7 le da un sonido particular a los metales, “suena a órgano”.

—Bruckner suena mucho a este instrumento, era organista y claramente su orquestación buscaba esta sonoridad que de alguna manera podemos decir que está un poco más desbalanceada, tiene más metales que maderas.

En el caso de las cuerdas, originalmente se necesitaría el doble del número que se tiene en la OSY, por lo que los músicos están trabajando para alcanzar la profundidad de sonido requerida.

Para los metales implica un esfuerzo enorme, pero es mucha la motivación en ellos, ya que lograr sostener una obra de esta magnitud es un reto artístico.

Y es que interpretar esta obra es un gran logro porque los hace más sólidos y “nos construye como proyecto”, subraya Lomónaco.

Además el público disfrutará por primera vez un repertorio que se toca con mucha frecuencia en Europa, como Viena y Alemania, por ejemplo, pero que es difícil de programar para una orquesta pequeña.

La versión

Aunque hay muchas versiones grabadas de la Sinfonía No. 7, al director titular le gusta la de Claudio Abbado, quien la ha grabado con varias orquestas, aunque también le agradan las versiones de la Filarmónica de Berlín y de la Filarmónica de Viena.

Comparte que al preparar los repertorios, primero conoce las versiones de varios directores buscando con cuál tiene más afinidad, en este caso fue con Abbado, porque “logra sostener la música sin hacerlo demasiado pesado, sobre todo para la OSY, pues si se hiciera una versión más tradicional que es más lenta, se hace difícil para el público y la orquesta”.

Por ello, reafirma, es una gran oportunidad escuchar a la OSY, “vale la pena con cualquier repertorio y no digamos con un Bruckner”, pues considera es un momento histórico para el Estado, al interpretar por primera vez una de las más importantes del siglo XIX que es muy difícil que se pueda programar, y además es bellísima.

“La van a disfrutar mucho”, augura el maestro Lomónaco.— Iris Margarita Ceballos Alvarado

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán