Entusiasma poder dirigir una ópera a Ragnar Conde
“Para mí la ópera es como un banquete de arte culinario francés en diez tiempos, en el que al primer bocadillo dices ‘no puede ser’, pero el siguiente es mejor, y el que sigue mucho más… esa es la sensación que me produce”, expresa en primera instancia el director de escena, guionista y dramaturgo Ragnar Conde.
Ragnar, quien ha estado a cargo de más de cien proyectos escénicos, principalmente óperas —entre ellas “Pagliacci”, ofrecida el año pasado en la ciudad— es el director escénico de “Don Giovanni”, con la que la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) cierra su temporada de conciertos enero-junio.
“Hacer una obra como esta es un enorme reto: no solamente es una de las más representadas sino que además es de una complejidad teatral muy grande”, dice acerca de la ópera de Wolfgang Amadeus Mozart.
Para empezar, añade, “el género de tragicomedia al que pertenece es uno de los estilo más difíciles de manejar porque tienen que encontrar un balance correcto entre la comedia y la tragedia y donde los personajes viciosos son los que salen triunfantes y los virtuosos tienen como desenlaces agridulces”.
Entrevistado en el Teatro Peón Contreras, donde el 15, 17,19, 21 y 23 de este mes se presentará “Don Giovanni”, Ragnar opina qie existen muchas maneras de contar la historia, por lo que cada montaje de “Don Giovanni” es como crearlo desde cero.
“A pesar de que ya llevamos un mes trabajando, seguimos puliendo y agregando detalles; es una obra que te llena de sorpresas, de búsqueda, en la que todavía hay mucho por explorar. Si bien por un lado estamos contentos y satisfechos, creo que necesitamos otros cinco ‘Don Giovannis para terminar de redondear una ópera así de compleja’”.
Ragnar, quien se ha enfocado en la parte humana y compleja de los personajes, trabajará para que la obra fluya lo más dinámica posible. “Hay algunas escenas que podríamos decir que tienen alguna coquetería con la comedia musical. Los grandes números, los grandes bailes, las batallas con espada lo vuelven atractivo y además contrastan con las escenas más ‘bellcantistas’” .
Sus inicios
Lo de las pinceladas de teatro musical no es nada raro, sobre todo, porque los orígenes de Ragnar fueron teatrales. Empezó a dirigir a los 15 años a nivel escolar. Estando en preparatoria hizo mucho teatro amateur, y cuando comenzó a estudiar Diseño Gráfico no paró de producir y dirigir. Pero su salto a la ópera se dio cuando mientras estudiaba actuación.
“A uno de mis maestros le habían ofrecido una ópera (“El niño de los sortilegios”) pero no la podía tomar, y se le hizo fácil decirme que yo la dirigiera, pues ya había hecho musicales. En aquel entonces yo nunca había visto una ópera en vivo y dije: ‘debe ser como un musical’. El asunto es que me aventé y tenía a mis personajes moviéndolos por todas partes, corriendo, rodando por el piso, haciendo todo lo que se supone que no se debían hacer”.
Con el resultado él se enamoró de la ópera y la Sociedad de Valores de Arte Mexicano, que lo había invitado, le ofreció hacer una más.
A partir de eso, hace 18 años, Ragnar no ha parado de dirigir, y si bien es cierto que sigue haciendo teatro, su enfoque principal es la ópera, que ya perdió la cuenta de cuántas ha hecho.
Cuestionado sobre si es más difícil hacer ópera que teatro, Ragnar indica que la ópera tiene ciertos requerimientos como por ejemplo la búsqueda de los cantantes adecuados y entender que hay cosas que ellos no pueden hacer. “Si yo tuviera que montar una obra de teatro de tres horas en un mes, no podría hacerlo. No llegaría porque los procesos son completamente diferentes. La música ayuda mucho, pero si (en la ópera) no contáramos con esa música, yo necesitaría hasta seis meses para hacer un tipo de montaje como este”.
Para él, la ópera es un asunto hedonista, de mucho placer, como una banquete de diez tiempos, aunque luego va más allá: “Creo que es un placer muy intelectual pero al mismo tiempo muy animal. Cuando veo una escena que se logra, el cambio de luz de la escenografía, la música, la actuación, todo eso que se conjunta es como tener un pequeño orgasmo… y ya que hablamos de comparaciones, es como el amor, donde la escena tiene que ir por encima de la que sigue y así hasta llegar a un clímax , pero no solo de placer a los sentidos, para mí el placer más fuerte es cuando se me revelan situaciones de lo humano”.— Iván Canul Ek
