Juan Pablo Raba

Juan Pablo Raba, frente a frente con Michael Chiklis

LOS ÁNGELES (EFE).— Un villano temible pero discreto; despiadado pero refinado. Así describe Juan Pablo Raba a su personaje en “Coyote”, serie sobre la frontera de Estados Unidos y México que, en opinión del colombiano, muestra que “los criminales más peligrosos” no se dejan ver.

Raba es un experto en desvelar el lado oscuro del mundo en papeles como el de Gustavo Gaviria en “Narcos”. Ahora se ve las caras con Michael Chiklis (“The Shield”) en la serie que desembarcó hace unos días en CBS All Access.

“Coyote” se centra en Ben (Chiklis), veterano agente de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos que se ve envuelto en una trama mortal por ayudar en México a una mujer en peligro.

Raba da vida a Juan Diego, el gran enemigo de Ben, pese a que, según el latino, pronto descubren que “no son tan distintos el uno del otro”.

Juan Diego es un criminal sanguinario, pero también sofisticado, inteligente, metódico…

Me atrae la idea de que realmente nos apartamos de un estereotipo: ese villano que lo es frente a todos y para todos, ese villano que se comporta como tal en toda su vida con su esposa, con sus hijos, hacia sus enemigos… Mi percepción de Juan Diego es que es más un hombre de negocios. Su negocio no es necesariamente legal, sin duda. Pero no es la persona que directamente va a ir y te va a pegar un tiro. Ha organizado muy bien su vida para que eso no se vea. Me llama la atención que los criminales más peligrosos en este mundo son así. Y los vemos en la televisión, en los mítines, espléndidos con sus familias… Después, si uno averigua un poquito, o cuando hay un escándalo (…), lo que hay por debajo está podrido. Eso me llama la atención de Juan Diego: cómo haces un tipo que sabes que es peligroso pero que no actúa como tal.

Los latinos critican que se les den a menudo papeles de narcotraficantes, prostitutas. ¿Le preocupa que le encasillen en ese tipo de personajes?

Rechazo muchos (sonríe). Rechazo los que están mal escritos. No tengo problema en interpretar a villanos porque en el mundo hay villanos. No es que sea una fantasía que nos estamos inventando. En el mundo hay carteles de la droga, hay personas que trafican con seres humanos… Mi trabajo como artista es no juzgar a mi personaje. Eso no quiere decir que esté de acuerdo con él, por supuesto que no. Pero para contar una historia es importante que también podamos contar estos personajes, mostrarlos en todas sus facetas (…). En la medida en que todos pongamos nuestro grano de arena y hagamos personajes reales, lo que terminamos favoreciendo es a la historia.

¿Cómo fue medirse en un duelo casi de wéstern ante un actor como Michael Chiklis?

Chiklis es una fuerza de la naturaleza. Además de que le metió a este proyecto su cuerpo, su alma y dos o tres años de su vida, es todo lo que uno espera o quisiera que una estrella fuera. Es un tipo dedicado, serio, talentoso, trabajador, amable, cariñoso. Y también es un tipo recio cuando lo tiene que ser. Lo que más me gusta de él es que en ningún momento toma esta figura como del colonizador: “Yo soy el gringo de Hollywood que viene acá a enseñarles cómo se hace esto”. Todo lo contrario. Llega abierto de manos y de mente para aprender. Quiere aprender español, quiere comer lo que se come en México, quiere compartir tiempo con ellos. Es realmente un artista y está dispuesto a empaparse de todo lo que ve.

La frontera es un personaje más de “Coyote” y también ha sido un punto central de la política estadounidense en los últimos años. ¿Cómo evita esta serie los clichés que ha lanzado el presidente Donald Trump?

En primer lugar, en ningún momento “Coyote” pretende ser una serie política. Estamos contando una historia que por supuesto hay gente que lo va a llevar al plano político, más en el momento que estamos viviendo. ¿Por qué me parece importante? Siento que a veces la televisión, el cine y los libros tienen un efecto lupa: logran que grandes temas, grandes paradigmas de la sociedad, grandes dogmas, puedan ser contados a través de una sola persona. Cuando concentramos algo tan grande y complejo como el problema de la inmigración, de la frontera, de las jaulas, en uno o dos personajes es un poco más fácil de entender. Porque es más fácil ponerse en esos zapatos. Por eso me parece que es tan importante contarlo, así haya “backlash” (rechazo), personas que no estén de acuerdo, que lo critiquen…

Es un problema que viene de mucho tiempo sucediendo y claramente no se va a terminar con la nueva administración. Esto es un problema en curso, algo que va a llevar mucho tiempo, entendimiento y acuerdos para que pueda llegar a un lugar humano.

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