El director Ken Loach al presentar su cinta “The Old Oak” en España
El director Ken Loach al presentar su cinta “The Old Oak” en España

VALLADOLID (EFE).— Camino de los 90 años, Ken Loach preserva su apresto de hombre vital y cineasta comprometido, aunque un tanto pesimista en su más reciente película, “The Old Oak”, en la que vislumbra un mundo disuelto en guerras, crisis humanitarias y la amenaza del cambio climático.

“Vivimos una época de gran peligro en la que necesitamos unirnos para construir un poder que nos dé un poco de esperanza”, resumió Loach tras la reciente proyección de “The Old Oak” en el Festival de Cine Seminci.

El director acusó al capitalismo y a la “extrema derecha” del “período más peligroso” de una biografía personal, la suya, en la que desde muy niño pudo contemplar “campos de concentración”, un catálogo de riesgos al que añade la “catástrofe climática.

“¿Qué futuro vamos a dejar a nuestros hijos?”.

“No recuerdo otra época en que la extrema derecha haya sido tan fuerte como ahora”, dijo para insistir en el pesimismo de un mensaje del que desliga, como única esperanza, la solidaridad.

“Sin solidaridad no hay solución”, manifestó.

De todo ello habla en “The Old Oak” con la inseparable colaboración de Paul Laverty como guionista de cabecera, película con la que acudió a Valladolid para engordar su laureada y extensa trayectoria. Al final obtuvo el Premio del Público, que ya había ganado en 2004, al igual que dos Espigas de Oro (1971 y 2002) y la de Plata (1991).

Esa “experiencia de la destrucción”, como definió a las guerras durante un somero repaso de la realidad internacional, “la viven ahora los gazatíes, que ven cómo mueren las mujeres y matan a sus hijos, son historias verdaderamente horrorosas”, una “atrocidad deleznable” de la que responsabiliza a ambas partes, Israel y Hamás.

Las guerras originan éxodos de la población civil, caso de la crisis de refugiados entre 2015 y 2016 durante el conflicto en Siria, cuando miles de familias pusieron sus ojos en Europa para comenzar una nueva vida, también en Reino Unido, como cuentan Loach y Laverty en este largometraje.

Pero la película “no es un discurso político, sino un relato”, es el cine como herramienta para mostrar la realidad y señalar vías, matizó Loach, para insistir en la solidaridad como el itinerario que puede restañar las heridas del mundo.

En el filme de Loach llega a una ciudad inglesa un grupo de sirios, refugiados que no son bien recibidos por una parte del microcosmos local: desempleados, jubilados y prejubilados tras el cierre de la industria minera.

Desconfianza, odio, arrebatos, inquinas y rechazo hacia los refugiados prenden “la semilla del racismo” en quienes, como ellos, carecen de una perspectiva de futuro, hasta que se dan cuenta de que comparten similares problemas, con la solidaridad a la que apela el director.

Los festivales de cine, como el de Valladolid que conoce desde hace más de medio siglo, representan para él un reducto para la supervivencia del cine independiente, “son faros de esperanza” frente a la “colonialización de la industria de Hollywood”.

La reciente huelga de guionistas en Hollywood, citó como ejemplo, obligó al cierre de muchas salas comerciales en Europa como consecuencia de la gran dependencia de la industria estadounidense.

Loach reclamó a las instituciones comunitarias “un cambio político capaz de generar un sector cinematográfico independiente, diverso y robusto, porque (en Europa) tenemos muchas culturas y el cine es capaz de reflejarlas todas”.

Cineasta Las guerras y la migración en nuevo filme

Ken Loach aborda el tema de la migración y el racismo en su reciente filme “The Old Oak”.

La supervivencia del cine

Festivales de cine como el de Valladolid, al que conoce desde hace más de medio siglo, son para Ken Loach un reducto para la supervivencia del cine independiente. “Son faros de esperanza” frente a la “colonialización de la industria de Hollywood”.

Dependencia de EE.UU.

La reciente huelga de guionistas en Hollywood, citó como ejemplo, obligó al cierre de muchas salas comerciales en Europa como consecuencia de la gran dependencia de la industria estadounidense.

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