No te engañes: “Aquí” trata de nadie más que de ti.
Es cierto que la historia de la película dirigida por Robert Zemeckis se desarrolla sobre todo en el hogar de los Young y captura instantes de la vida de familias antes y después de ellos; pero la trama es en realidad la de la existencia de la persona humana, de la tuya y la mía.
Críticos profesionales y aficionados han tratado con dureza a “Aquí (Here)”, de la que dicen que es aburrida, confusa, desconcertante, que no llega a ninguna parte. No fue la experiencia de quien esto escribe, que cree que vale la pena decir unas cuantas cosas en su defensa.
Hay que empezar por conceder que “Aquí” se toma tiempo en revelar sus intenciones y también es verdad que la tecnología que utilizó Zemeckis para rejuvenecer en pantalla a Tom Hanks (Richard) y Robin Wright (Margaret) para mostrarlos en las primeras décadas de su relación da una textura extraña a la piel y por momentos —en especial en los primeros planos— los hace ver artificiales.
Pero conforme avanza la película se comprende que las dudas iniciales sobre la dirección que sigue la historia tienen que ver con la decisión del cineasta de no ajustarla a la estructura tradicional de narración: presentar el problema, desarrollarlo, llegar al nudo del conflicto y darle un desenlace. En su lugar lo que propone es un collage de microrrelatos, una panorámica hecha con fragmentos de la vida de los Young, desde que los padres de Richard —Al (Paul Bettany) y Rose (Kelly Reilly)— se establecen en la casa familiar y se preparan para la llegada del primer hijo hasta la vejez del personaje interpretado por Hanks.
Cada escena descubre un rasgo de los personajes, lleva a conocerlos y comprenderlos mejor; son trocitos de un paisaje que se completa al final. De esta manera Zemeckis nos recuerda que la existencia humana no es una sucesión trepidante de escenas de acción sino una suma de instantes de gozo y tristeza, de satisfacciones y fracasos, de emoción y silencio. Y que así lo ha sido desde el principio de la humanidad y lo seguirá siendo cuando los que hoy vivimos nos hayamos ido.
Este destino transgeneracional se presenta en la forma de saltos en el tiempo a momentos de la vida de otras personas —nativos estadounidenses, colonos independentistas, un aficionado a la incipiente aviación, el inventor de un mueble que tendrá éxito con el despunte de ese artilugio que es “como la radio pero con imágenes”, una familia afrodescendiente de ahora— a las que observamos desde el mismo ángulo en que vemos a los Young, pues, excepto por el minuto final de la película, la cámara permanece fija en un mismo lugar.
Para evitar la monotonía de la estrategia visual de un solo plano, el director recurre a la pantalla múltiple: sobrepone imágenes, a manera de “ventanas”, a la principal, con la que contrastan por corresponder a otra etapa del día o época.
Tal vez la diferente recepción de “Aquí” entre los espectadores sea una cuestión de edades. Es comprensible que a los más jóvenes, los llenos de vigor, los que están por enfrentarse a su primer trabajo o apenas van a formar una familia les aburra ver pasar los días de los Young con sus pequeños dramas y alegrías, aparentemente sin relación con los suyos. Pero a quienes están más cerca del cierre del círculo de la vida que de su inicio les será más fácil reconocerse y dejarse atrapar por el sacrificio de ideales de Richard y Margaret para cumplir el deber de criar a una hija; el alcoholismo de Al, veterano de guerra; la acumulación de enfermedades y muertes con el paso de los años; la satisfacción de hacer sonreír al ser querido con pequeños triunfos domésticos; el balance de vida que se hace al cumplir años; la separación del cónyuge; la felicidad de comprobar que la generación siguiente no tiene que renunciar a lo mismo que las anteriores.
“Aquí” tuvo brevísimo paso por los cines de Mérida. Deberás esperar su llegada a alguna plataforma de streaming para darle una oportunidad y verla.
