De Mérida a Hollywood hay más de tres mil kilómetros de distancia, pero el estudio de animación yucateco Magic Hammer logró acortar esa brecha con un cortometraje musical sobre migración, raíces culturales y reconciliación generacional.
Con el cortometraje “The Mariachi Mask”, el equipo yucateco alcanzó lo que miles de creadores en el mundo buscan cada año: obtener el respaldo financiero y el sello de Netflix para producir una película.
La emoción sigue latente en José Rosado Negrón, productor del estudio, tras el estreno mundial de la cinta en el Festival Internacional de Cine Latino de Los Ángeles (Laliff), considerado el encuentro cinematográfico latino más importante de Estados Unidos.
“Me siento muy contento, muy emocionado. Fue una superexperiencia”, señala al recordar la presentación del cortometraje en mayo pasado en el emblemático Teatro Egipcio, actualmente propiedad de Netflix.
El proyecto fue seleccionado por el Fondo de Netflix para la Equidad Creativa, una iniciativa mediante la cual la compañía financia anualmente cortometrajes de creadores de diversas comunidades. En esta ocasión, el beneficiado fue el director Guillermo Casarín, quien desarrolló el proyecto en conjunto con el equipo de Magic Hammer en la capital yucateca.
La buena noticia llegó en julio del año pasado, luego de que una propuesta anterior fuera rechazada por considerarse demasiado ambiciosa. “La industria del cine y de los contenidos es un entorno donde siempre te van a estar diciendo ‘no’, hasta que te dan un sí”, señala Rosado Negrón, en entrevista con Diario de Yucatán.
Con una duración de ocho minutos, “The Mariachi Mask” es un musical animado dividido en cuatro actos y cuatro canciones originales. La historia sigue a Fofo, un niño de Los Ángeles perteneciente a una dinastía de mariachis y restauranteros que, en lugar de seguir la tradición familiar, sueña con convertirse en luchador profesional. A través de ese conflicto, el protagonista descubre que no tiene que elegir entre una identidad y otra.
“A la gente que ha emigrado esta historia le resuena mucho, por el eterno tema del ‘no soy de aquí ni soy de allá’, sino una combinación de las dos cosas”, indica el productor, quien considera que precisamente esa temática fue la que conectó tanto con los ejecutivos de la plataforma como con el público latino en Estados Unidos.
“Creo que esta historia es tan antigua como el tiempo mismo: el duelo generacional en que nuestros papás quieren algo para nosotros, nosotros queremos otra cosa y luchamos por ello”, dice.
La respuesta del público ha sido notable incluso antes de su distribución abierta. Según Rosado Negrón, las redes sociales del proyecto ya superan los 15 mil seguidores y acumulan cerca de 14 millones de reproducciones en sus clips promocionales.
El arte, su inspiración
Uno de los mayores desafíos creativos fue representar la identidad mexicana sin recurrir a clichés. Para lograrlo, el equipo se inspiró en el muralismo de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.
“El muralismo mexicano fue la democratización de la pintura para todos. Nosotros queremos democratizar la animación; traer proyectos a lugares donde normalmente no se producían”, subraya.
Aunque Yucatán suele ser escenario de producciones nacionales e internacionales gracias a sus cenotes, haciendas y selva, Rosado Negrón considera que el siguiente paso es exportar propiedad intelectual creada desde el Estado.
“Nuestro intento es traer más cosas aquí; que no solo vengan a producir, sino que nosotros podamos vender nuestras propias historias y contenidos desde aquí a los grandes estudios”, señala.
El proyecto fue realizado principalmente por talento local. De las aproximadamente 24 personas que integraron el equipo, la gran mayoría trabaja desde Mérida. Además, José Rosado destaca una notable participación femenina en el proceso:
“Aproximadamente un 85% de las artistas son mujeres. Desde la dirección de arte hacia la edición, el equipo está integrado por mujeres”.
El fondo otorgado por Netflix fue de 30 mil dólares, pero la cifra no cubrió la totalidad de los costos de producción. “El estudio tuvo que poner recursos propios. Los cortometrajes no son negocio; son más un tema de portafolio y de presencia en los festivales”, reconoce.
Sin embargo, admite que el respaldo de una marca global como Netflix representa una oportunidad invaluable. “Es una gran responsabilidad porque sabes que te van a ver en todo el mundo”.
El cortometraje requirió cerca de ocho meses de trabajo intensivo y fue entregado justo en la fecha límite. Ahora se inicia un circuito de aproximadamente dos años por festivales internacionales. Mientras tanto, el equipo mantiene vivo un objetivo más ambicioso. “El sueño, evidentemente, es hacer el largometraje de ‘The Mariachi Mask’”, señala.
Por ahora, el corto no está disponible para el público general debido a las reglas de exclusividad de los festivales, aunque la meta final es que, al terminar su ruta, se integre formalmente al catálogo de Netflix.— IVÁN CANUL EK
