NUEVO LEÓN.— En el marco del segundo día de actividades del IV Encuentro Nacional de Obispos con Empresarios, los participantes abordaron la fase de Discernimiento y Diálogo (Juzgar y Dialogar), enfocada en examinar las motivaciones del mundo laboral contemporáneo, la inclusión de las nuevas generaciones y los desafíos éticos que plantean la informalidad y la irrupción tecnológica.

Dilemas del entorno económico y la centralidad de la persona

La jornada comenzó con un análisis de la tensión entre la rentabilidad financiera y el bien común. Durante las exposiciones, se subrayó que la responsabilidad social empresarial no debe reducirse a un trámite normativo o a distintivos superficiales, sino nacer de una convicción profundamente humana orientada a garantizar la dignidad de la persona. Se señaló que la falta de formación integral en las estructuras operativas genera omisiones graves, mientras que las organizaciones que sitúan al colaborador en el centro logran mayor estabilidad, menor rotación y un ambiente de trabajo altamente productivo.

En este contexto, se examinaron las presiones operativas y económicas que enfrenta el sector productivo, tales como las dificultades del entorno fiscal, la competencia desleal de la economía informal y el rezago en productividad que registran las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs). Sobre estos puntos, se enfatizó la importancia de contar con marcos de transparencia, evitar la deshumanización laboral y exigir un uso justo y eficiente de las contribuciones públicas para incentivar la formalización.

La noble vocación empresarial y el valor de la familia

En el bloque dedicado a la noble vocación empresarial, se abordó la trascendencia de concebir la empresa como una misión al servicio del desarrollo humano y social. Se ratificó que el trabajo es un vehículo clave para formar virtudes y que la familia constituye la principal motivación de los colaboradores, por lo que resulta indispensable construir dentro de los centros de trabajo comunidades que brinden contención humana, ética y espiritual.

A través de herramientas interactivas de participación, la comunidad presente externó sus inquietudes sobre cómo conciliar la viabilidad económica con la justicia social, el reto de formar líderes congruentes y las formas efectivas de reducir la brecha entre la doctrina ética y la práctica corporativa cotidiana.

Jóvenes, tecnología y mensaje pastoral

Por la tarde, las ponencias centraron la discusión en los cambios culturales y el choque generacional, así como en la irrupción acelerada de la inteligencia artificial. Se advirtió que, si bien la tecnología representa una herramienta valiosa, se incurre en una falacia al pretender equipararla con la persona humana. Asimismo, se alertó sobre el impacto de la sobreexposición a pantallas en la salud mental de las juventudes y el aislamiento moderno, proponiendo alianzas entre universidades, empresas e Iglesia para ofrecer una formación arraigada en el contacto real y en la creación de comunidad.

En la recta final, ponentes eclesiales y representantes del Episcopado y la Nunciatura Apostólica expusieron la conferencia Magnífica Humanitas, reflexionando sobre el deber de leer los signos de los tiempos y subordinar la actividad económica a la justicia social y al bien común. La jornada concluyó con la segunda fase de las “Conversaciones en el Espíritu” en mesas de diálogo compartidas y la reprogramación de la Santa Misa para el cierre de las actividades plenarias de la tarde.