El chef Eduardo Pérez Romero

Eduardo Pérez Romero no es como la mayoría de los chefs. Su gusto por la cocina no surgió de acompañar a su madre o abuela guisando, como cuentan otros.

“No me levanté un día y dije: quiero ser chef. La verdad es que me levanté y dije: no me gusta nada. Entonces pensé al revés: qué es lo que menos me disgusta. Y lo que menos me disgustaba era la cocina”, recuerda.

Así se introdujo en el universo culinario, al que le tomó amor con el tiempo.

Lo que disfruta más de cocinar es que la gente disfrute. “Que me digan: ‘Qué rico te quedó esto’ o ‘Qué bien me hizo sentir tu platillo’. Allí el chef se lleva todo”.

Y sí, a sus 38 años ha tenido la oportunidad de que le digan cuán rica es su comida. No sólo en México, sino también en países como Bélgica, India, Etiopía, China, Canadá y, últimamente, Israel y Arabia Saudita, donde ha fungido como embajador de la comida mexicana.

Actualmente, con diez años de vivir en Mérida, no puede hacer a un lado los platillos yucatecos en su menú. En Arabia Saudita, por ejemplo, adonde viajó por invitación del embajador Juan Alfredo Miranda Ortiz, preparó relleno negro, pollo pibil, panuchos y salbutes.

“Estuvimos en Arabia en septiembre, para las fiestas patrias. Hicimos una cena en la embajada que consistió en bufé de ocho platillos; hubo tamales, barbacoa, relleno negro, mole verde y postres como arroz con leche”. Allí recibió la invitación para participar en una semana gastronómica, en la que elaboró pollo pibil, panuchos, salbutes y dulce de papaya. “Para ellos (los árabes) todo era nuevo porque están acostumbrados a tacos”.

Gracias a la recomendación de Juan Alfredo Miranda fue invitado a una muestra gastronómica en Israel, en la que hizo comida mexicana kosher (aceptada por las leyes judías), por eso en vez de cochinita cocinó pollo pibil, aunque no tuvo problemas en ofrecer panuchos y salbutes. Igualmente hizo churros y buñuelos.

De vuelta en Mérida, Eduardo ahora sueña con ir a Nueva Zelanda y convertirse en uno de los pocos cocineros que han laborado en los cinco continentes.

Su interés por los viajes no es de ahora. Lo ha tenido desde que se graduó.

“Me encanta viajar, soñaba con trabajar en barcos, pero se dio esto”. La cocina lo llevó a contactar a embajadas para llevar la comida mexicana a otros países. Primero le llamaron de Kuwait, aunque al final no se concretó la propuesta; por eso cuando le hablaron de Bélgica “no me la creía, ni aun estando en el evento”, declara.

Lo mejor es que lo ha conseguido promoviendo la cocina mexicana, la auténtica. “Trato de rescatar las cocina de las abuelitas… busco despertar en la gente sus recuerdos. No quiero que se pierda lo que ya está”.— Jorge Iván Canul Ek

 

Chef Eduardo Pérez Perfil

A cada país al que va no duda en preparar mole, huitlacoche y relleno negro.

Guiso

Al relleno negro lo considera único. En Arabia Saudita representó un choque para la gente, pues el color se asocia con lo quemado y descompuesto; sin embargo, al final fue del agrado de la gente.

Misticismo

“Lo que tiene el relleno no lo tiene ningún plato y para mí no sólo es un plato místico, sino el plato tradicional maya”, subraya.

Experiencia

Trabajó en Playa del Carmen durante dos años y en Islas Caimán antes de establecerse en Mérida.

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