“¿Qué me falta por pintar? Pues es que no he pintado nada. Llevo diez mil obras y tengo tanto por hacer… O sea, no me siento satisfecho”.
Jant Segovia se refiere a la producción de pinturas, esculturas, vitrales y murales que comenzó en España y continúa en Mérida, adonde, después de hacerlo años atrás y radicar posteriormente en otras ciudades de México, regresó a vivir hace un año y medio y de la que espera no irse más: “De plano de aquí no nos movemos”.
El pintor indica que en breve comenzará un encargo de dos murales que se instalarán en un espacio de la ciudad. Y continúa recreando los doce pasajes de la vida de Jesús en paleta de dos colores (ocre y blanco) que servirán de base a una colección de litografías de la que planea editar medio centenar de unidades.
Los murales, como sus cuadros, estarán hechos con la técnica de cerámica porcelanizada en frío, de la que Segovia es creador. “El arte es mi amante, una amante silenciosa; no me pide para el gasto, si llego tarde no me reclama, nunca me ha preguntado de dónde vengo. Afortunadamente me pagan por lo que me encanta hacer, soy un hombre feliz”, dice.
Jant Segovia es egresado de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en su palmarés anota primeros premios en bienales como las de Martorell y Molins de Rei (Cataluña) y Florencia; obras como arquitecto y trabajos de restauración, entre ellos de piezas y áreas de la Catedral de Mérida. En el Museo Iconográfico del Quijote, en Guanajuato, exhibe un tríptico sobre la historia del ingenioso hidalgo.
También se asientan tres años a finales de la década de 1960 como discípulo de Picasso, de quien afirma haber recibido como lección más grande la humildad. “Cuando terminé en la Real Academia tuve la suerte de estar con el monstruo del siglo XX, que se llama, porque para mí no ha muerto, Pablo Picasso. Ahí fue donde realmente puse los pies en el suelo y me di cuenta de muchísimas cosas de nuestra profesión”.
“Hay dos Picassos, yo conocí a ambos: el monstruo era uno, el que se vendía, y el otro era el ser humano”.
Nuevas plataformas
Aunque “adoro la tecnología moderna”, se declara “de la vieja escuela”: “No me guío de plataformas modernas; si hay que dibujar lo hago a mano alzada”.
“El mejor paisajista que ha tenido México es José María Velasco, muy criticado en su tiempo porque él se apoyaba en la fotografía. Yo también. Me apoyo en la foto para las partes más importantes; para el resto, no”.
“La gente que hace pintura por computadora.., mi más sentido pésame”, declara.
“Me encanta dar clases, pero ¿a quién?, ¿cómo? Te encuentras siempre la misma traba: hay gente que no puede llegar a ser quien quiere porque primero tiene que ver qué come; si alguien no tiene para el autobús, menos le puedes pedir que gaste $3,000 en materiales”.
“Para mí”, añade, “un cuadro es como hacer el amor; si te sale bonito tienes que saber dónde pararle. Desgraciadamente no he alcanzado la perfección que me gustaría. Puede parecer muy pedante, pero cuando amas a alguien como yo amo al arte es muy difícil…”.
“Lo que intento es sacar lo mejor de cada momento para rescatarlo para el mundo, porque además soy bastante engreído, pinto para que mi obra perdure 500, 600, 700 años. Lo que hago es la herencia que le estoy dejando al mundo”.— V.B.M.
