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Herminio J. Piña Valladares (*)

Monseñor Lázaro Pérez Jiménez fue un obispo preocupado por la necesidades de su diócesis, de sus habitantes, y a imitación de San Pablo hablaba claro, fuerte, con la verdad, sobre todo cuando existían problemas y necesidades muy urgentes.

Al recordarlo se nos viene a la mente el mensaje que dirigió el obispo Pérez Jiménez juntamente con el Arzobispo de Antequera- Oaxaca, monseñor José Luis Chávez Botello, relativo a “La Crisis de alimentos, que es una crisis de solidaridad”, aunque se difundió hace algunos años, por la importancia de los conceptos vertidos y en virtud de que es un tema de actualidad, transcribimos algunos conceptos con los comentarios respectivos.

Los obispos mencionaban que la crisis de alimentos que afecta al mundo ha repercutido duramente en México, que no obstante ser un país agrícola, ha aumentado su dependencia en los últimos años, dejando a amplias capas de la población desprotegidas.

Ante la amenaza de la crisis alimentaria monseñor Chávez Botello y el obispo de Celaya, monseñor Pérez Jiménez, escribieron importantes mensajes en los que alertan sobre la falta de solidaridad con los que menos tienen y la necesidad de eliminar la corrupción para que los alimentos se distribuyan mejor en nuestro país y expresaban:

“Esta crisis nos exige volver los ojos al campo y a los campesinos para corregir los graves errores cometidos por décadas, debido a la politización, a la irresponsabilidad social, a la corrupción, a la aplicación ineficaz de los programas y a la ambición de no pocos”.

También los obispos exhortaban: “Urge proponer programas bien sustentados, voluntad política para incentivar el trabajo del campo y la producción de alimentos con apoyos adecuados; urge informar y sensibilizar a toda la sociedad sobre las verdaderas causas y consecuencias de esta crisis que, según analistas, será de años”.

Cómo es posible, expresaba el obispo de Celaya, que se sigan invirtiendo millones de dólares en la producción de armas que sirven para matar, mientras una tercera parte del planeta carece de lo más indispensable para llevar una vida digna y una alimentación adecuada. Esto es contrario a lo que Dios ha planeado para sus hijos.

Los obispos hacían un llamado que es de gran actualidad hoy día, a todas las personas a involucrase en estos graves problemas y a todos los sectores de la sociedad:

“Tenemos una grande responsabilidad, el mandamiento del amor nos lleva a apoyar los programas y acciones serias que buscan el combate a la pobreza, la producción de alimentos, la promoción de granjas avícolas y huertos familiares, la conservación de granos, el mejor cuidado del agua y de los bosques”.

Con estos mensajes recordamos a monseñor Pérez Jiménez, oriundo de Tizimín, que durante muchos años realizó una intensa labor en varias parroquias de Mérida. Posteriormente fue nombrado obispo de Autlán, Jalisco, del que fue su pastor durante doce años y por último en la Diócesis de Celaya, Guanajuato, en donde descansan sus restos mortales, en la santa Iglesia Catedral de Celaya.

Sobre todo lo recordamos como un gran pastor, un hombre valiente, de palabra profética y recia, una persona que demandaba la justicia en su diócesis porque exigía seguridad y sobre todo que se atendiera a sus pueblos y comunidades. Lo recordamos con gran afecto, padre obispo yucateco Monseñor Lázaro Pérez Jiménez.

Abogado y asesor jurídico.hjpvdirector@hotmail.com

 

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