Uno, dos, tres… por la adultez
Antonio Alonzo Ruiz (*)
La cortesía, como habilidad social básica, te lleva más allá del cumplimiento de normas socialmente establecidas, ya que se trata de adoptar una actitud de respeto (aprecio, consideración y deferencia) que obsequias al relacionarte con todas las personas.
Me explico. La cortesía, como habilidad social, te lleva a saludar —y no simplemente por educación o al hacerlo al llegar a algún lugar— sino porque a toda persona, conocida o desconocida, presente en algún lugar al que llegas la consideras digna de ser tomada en cuenta y de ser respetuosa, cálida y cortésmente saludada por ti.
Si en tu círculo familiar, social o profesional alguien está hablando mal de alguna persona, la cortesía te sugiere abstenerte de propagar rumores —que suelen ser inexactos— y cortésmente velar por la buena fama y el honor de esa persona a la que, a fin de cuentas, tiene derecho.
Un ejemplo más. Cuando el “cerillito” o empacador de bolsas en el súper, el “viene viene”, el de la gasolinera, quien te da una información o quien te abre la puerta o te cede el paso; quien te atiende en la tienda, el súper, el banco, el restaurante o el personal de casa u oficina que te ayuda en algo, y tantas personas que a diario te ofrecen algún servicio, la cortesía te lleva a tener con todas ellas un plus, osea una palabra, detalle o gesto de amabilidad y agradecimiento.
En otras palabras, la cortesía te hará ser no solo justo, sino encantador. ¡Practícala!
Psicólogo clínico, UVHM. Especialista en Envejecimiento y manejo de Emociones, MATIA Instituto Gerontológico.Antonio Alonzo aalonzo@crehas.org
