Benjamín Romano y Javier Muñoz Menéndez

La sostenibilidad no es una moda en la arquitectura

El rascacielos más alto de Ciudad de México no estaba destinado a serlo. El proyecto inicial de la Torre Reforma la visualizaba de 30 o 40 pisos, no de los 57 finales.

“Analizando la normatividad nos dimos cuenta que podíamos ir más arriba y fue que llegamos a esa altura (246 metros), pero no porque hubiéramos buscado el terreno para hacerla de esa altura. La vida te va llevando, creo que la arquitectura es así”, dice Benjamín Romano, director de la firma LBR&A, responsable del diseño.

La altura es algo que Romano conoce bien, pues su despacho es asimismo autor, entre otras, de las torres Tres Picos, en la metrópoli; Bosques, en el Estado de México, y Veranda, en Acapulco. Vivir en lo alto, opina, “es algo a lo que nos tenemos que acostumbrar”.

“El concepto de ‘landscape cities’ (donde la mayoría de la gente vive en casas para una sola familia) es un error del siglo pasado y lo tenemos que enmendar los arquitectos y urbanistas de hoy. Transportar a todo mundo a las afueras para tener una casa con un jardincito es algo que no es sustentable. Lo ideal es concentrarnos en lo que se llama ‘compact cities’ (urbes de alta densidad y residencias multifamiliares)”.

“Hay dos ecuaciones muy claras”, añade. “Una, a los humanos nos gusta interactuar y por eso más de la mitad vive en la ciudad, no en el campo. Y si queremos vivir en una ciudad lógica, económicamente hablando, y en la que se pueda hacer esa interacción no hay de otra que irnos para arriba”.

“La altura es una posibilidad que nos da la tecnología de hoy para estar juntos los que queremos vivir en X o Y ciudad”.

Romano se encuentra en Mérida a invitación de la Universidad Marista para impartir la XV Cátedra Extraordinaria “Enrique Manero Peón”, que comenzó el lunes y finalizará mañana.

Su intervención se centra en la estructuración arquitectónica, un aspecto que lleva enseñando desde hace mucho tiempo. “Muchísimos arquitectos lo entienden porque lo han visto y lo manejan en sus edificios, pero lo hacen empíricamente, no conscientemente”, señala.

“Si la estructura no es apta para que fluya el espacio, para que sea funcional, lo notas como un estorbo”, explica. “Si el ingeniero civil no ve en los planos lo que yo dije, él va a decidir y puede echar a perder el diseño, la imagen final o la espacialidad”.

Romano considera que es obligación de los arquitectos “crear espacios versátiles, que puedan modificarse, porque dentro de 50, 100 o 200 años la gente va a actuar distinto de hoy: va a tener otras necesidades, otras costumbres; la arquitectura se tiene que adaptar a eso”.

Piensa también que las construcciones deben adoptar soluciones ambientales. “Una cosa es que hagas un edificio con el potencial urbano adecuado y otra es que esté malhecho, que le pegue el sol y sea un horno… No importa la altura, puede ser una casa o un local comercial: se tiene que adaptar al entorno”, subraya.

“No creo que sea una moda, para nada. El siglo pasado en la arquitectura cometimos muchos errores.., lógicos porque no nos habíamos dado cuenta”, admite. Pero ahora se sabe que “el 40 por ciento del calentamiento global se debe al aire acondicionado de los edificios; si no queremos seguir contaminando al planeta eso se tiene que eliminar”.

“Es un regreso a los orígenes de la arquitectura. En Yucatán los mayas inventaron la ventilación cruzada, no entiendo por qué hoy aquí se hacen muchas viviendas, especialmente de interés social, que no entienden esa ventilación cruzada”.

Sus diseños y carrera han sido reconocidos con premios como el “Augusto A. Álvarez” a la excelencia en la trayectoria de la Federación de Colegios de Arquitectos de México y medallas de oro y plata en diferentes ediciones de la Bienal Nacional de Arquitectura. Pero, aunque la distinción “sí se agradece, no puedes depender de eso”.

“Una vez oí una plática de Teodoro González de León que me pareció magnífica; le preguntaron si estaba interesado en ganar el Pritzker y dijo: ‘A mí no me hablen de eso, yo de lo único que me preocupo es del partido arquitectónico, de que envejezca con dignidad el edificio y de vivir bien’”.

“Tiene razón, los premios por supuesto se agradecen, pero uno no puede vivir dependiendo de ellos, porque imagínate si no los tuviera, viviría en la desgracia”.— Valentina Boeta Madera

 

Arquitecto Perfil

Benjamín Romano egresó en 1978 de la Universidad Iberoamericana, donde imparte clases desde 1982.

Experiencia

Tiene trabajos de posgrado en prefabricación en Israel. Durante el ciclo 2016-2017 colaboró como “Experto en residencia” en la Universidad de Harvard.

Transmisión

“Especialmente la arquitectura es muy difícil aprenderla si uno no tiene la vivencia de un espacio”, opina el profesional en su visita a la capital yucateca. “A la arquitectura hay que ir a visitarla, verla y explicarla, si no es muy difícil entenderla o transmitirla”.

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