Critica los talleres literarios Adrián Curiel en un libro
“Tengo otra sesión hoy en la inquisición literaria”, dice Regino Félix, refiriéndose al taller literario al que acude. Regino es el protagonista de “Paraíso en casa”, la nueva novela de Adrián Curiel, publicada por Alfaguara.
El libro, cuya trama transcurre en Mérida, donde el autor reside actualmente dado su cargo como director del Centro Peninsular de Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis) de la UNAM, se presentó ayer en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey).
La presentación estuvo a cargo del autor, acompañado de Alberto Ruy Sánchez.
“Paraíso en casa”, dice el autor, es una novela en la que transcurren dos historias paralelas y alternadas. Una de ellas transcurre en una comunidad entre agreste y urbana, tras la sierra, que podría estar en México o en cualquier punto de Latinoamérica y que es asolada por el crimen organizado.
Esa primera historia, que narra cómo un grupo de habitantes de clase media y empresarial de la sierra organiza una hermandad secreta: los Caballeros de la Fe Perdida, para hacerse justicia por su propia mano, es contada por Regino Félix, quien es asimismo el protagonista de la segunda historia de la novela.
Regino es un exitoso desarrollador inmobiliario que viaja a Mérida con su familia en 2014, tras ser víctima de un violento asalto en Ciudad de México. Pero su esposa e hijos no se adaptan y deciden volver, lo que complica la situación familiar, que desemboca en un divorcio.
Para paliar un poco su pena, Regino decide inscribirse en el taller literario “Elenita Poniatowska Nueva Era”, que dirige Lula Azero, donde despedazan su texto. En el taller literario coincide con un cronista de la ciudad de Mérida que escribe un libro llamado “Amar a Mérida” y un estudiante gay de Literatura de la Uady, Tony Motolinía, a quien llaman “Tony Jotolinía”, quien está escribiendo un poemario para empoderar su homosexualidad a través de la lírica.
El hecho de contar una novela dentro de una novela es lo que se define como metaficción, señala el autor. “Pero a diferencia de otras propuestas de metaficción, la propuesta aquí no es crear una antinovela sino más bien escribir una novela sobre la aventura de escribir una novela”, explica.
Adrián, también autor de “Blanco trópico”, añade que la propia novela es un taller de literatura en el que el texto de Regino Félix es sometido a constantes críticas y despedazamientos de parte de sus colegas y, por ello, la misma novela dentro de la novela se va reformando.
El autor, nacido en Ciudad de México en 1969, confiesa que su nuevo libro tiene algo de autorreferencial.
“Creo que todos los autores somos autorreferenciales inevitablemente”, apunta, “aunque nos movamos en un registro de corte fantástico o mucho más distanciado de nuestra cotidianidad… Hay mucho guiños, no tantos como ‘Blanco trópico’”.
¿Verdugos o mentores?
El autor indica que en el taller literario al que acude Regino en “Paraíso en casa” hay una crítica al mundillo de las letras mexicanas, al teatro de los premios, a la construcción de falsos prestigios, al ego que demuestran los escritores.
Y ya hablando en un tono más real, Adrián dice que hay talleres literarios que son verdaderas cámaras de tortura diseñadas para despedazar el ego y las posibilidades que podría tener una persona de escribir un texto original.
“Es decir, un mal mentor literario, un mal guía de un taller literario es como un verdugo, es casi como entrar a una sala de interrogatorio de la policía judicial”, señala el autor, que en su vida solamente ha ido a un taller, a cargo de Beatriz Espejo.
“Allí aprendí mucho, pero efectivamente había mucha maldad en la crítica de los compañeros. Yo he dado talleres y he visto a colegas, a quienes respeto como escritores, dar talleres y torturar a los talleristas. He sido testigo y me pregunto cómo este tipo puede ser director de un taller, debería ser un policía judicial”, manifiesta.— Jorge Iván Canul Ek
Novela Detalles
Adrián Curiel Rivera presentó ayer en la Filey su nueva novela “Paraíso en casa”.
Críticas
El autor dice que está preparado para recibir las críticas de los escritores que se pudieran sentir aludidos con todo lo que plasma en la historia.
Ironía
“A una novela lo mejor que le puede ocurrir es que se hable de ella, aunque sea bien, como decía un camarada mío”, indica.
