Estrellas de mar, en ofrendas del Templo Mayor
MÉXICO (Notimex).— Expertos de los institutos Nacional de Antropología e Historia y de Ciencias del Mar y Liminología han detectado 55,069 placas calcáreas de carbonato de calcio, correspondientes a esqueletos de estrellas de mar, en 20 ofrendas en Tenochtitlan.
El anuncio del descubrimiento fue encabezado por Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor, quien informó que la colaboración entre ambas instancias se remonta a 2007, cuando en la zona poniente de la fachada principal del Templo Mayor hallaron las placas calcáreas, con dimensiones de 2 a 15 milímetros.
Los elementos se encontraron desarticulados, de ahí que se procediera a limpiarlos y clasificarlos por su tamaño y forma.
A fin de identificar a qué especie pertenecían, se recurrió a ejemplares modernos resguardados por el Instituto de Ciencias del Mar y Liminología para cotejar sus esqueletos con los procedentes del sitio arqueológico.
Se reconocieron seis especies de estrellas de mar en 13 de las 54 ofrendas excavadas en torno al monolito de Tlaltecuhtli. Cinco de ellas (Luidia superba, Astropecten regalis, Phataria unifascialis, Nidorellia armata y Pentaceraster cumingi) son naturales de las costas del Océano Pacífico y la Astropecten duplicatus, del Atlántico. Debido al éxito del reconocimiento en el laboratorio, el estudio se amplió a placas calcáreas halladas por otros proyectos arqueológicos y que se ubicaban en salas y colecciones del Museo del Templo Mayor.
Al final se identificaron 55,069 placas, distribuidas en 20 de los 204 depósitos rituales hallados hasta la fecha en el Templo Mayor.
Los investigadores consideran que los recolectores prehispánicos pudieron obtener las estrellas de mar caminando en la playa o practicando buceo libre a profundidades de 20 metros.
Al ser animales exóticos, se les colocaba en el fondo de las ofrendas para recrear el inframundo acuático de dioses como Tláloc.
Los expertos plantean la posibilidad de que los mexicas hubiesen transportado las estrellas en colectores con agua salada y los resguardaran hasta la fecha de su uso ceremonial en el Vivario de Moctezuma, sitio en el que había estanques de agua salada y que se ubicaba donde ahora está el Museo Nacional de las Culturas.
La teoría se fortalece cuando se sabe que la estrella de mar puede sobrevivir varios meses sin alimentarse y en función de sus circunstancias puede volverse carnívora, herbívora, carroñera o caníbal. Sin embargo, persiste la duda de por qué los mexicas, a diferencia de habitantes de ciudades más antiguas, como Tula, Cacaxtla y Teotihuacan, no dejaron evidencia artística o textil de las estrellas de mar.
La investigación se publica en el número 150 (marzo-abril de 2018) de la revista “Arqueología Mexicana”.
Integración
Continúan los exámenes de microscopia a las placas halladas. Hay planes de sumar lo descubierto a la Sala 6 del Museo del Templo Mayor.
