Entre mitos y pobreza
Doña Magdalena Cen Canché se sumó hace unos días a la lista de personas que han vivido un siglo. Su vida, que para muchos podría ser común, en realidad está llena de sucesos que la hacen extraordinaria.
Vecina de Cholul, la centenaria, hija de Esteban Cen y Rosalía Canché, nació en la comisaría de Sitpach el 29 de julio de 1918. “Ya hace más años”, dice con un “uuuuuy” tan largo como su edad.
En la sala de su casa, sentada al lado de sus hijas María Asunción y María Isabel, Magdalena desmenuza con voz quedita aspectos de su infancia, su juventud y su vida adulta.
Recuerda que era pobre, tan pobre que la base de su alimentación era chaya, calabaza y flor de calabaza. “No había para comer”. Su situación cambió un poco cuando a los 15 años se casó con Anastasio Dzib Cen.
Al casarse, Magdalena Cen se fue a vivir con su marido a la hacienda Kancabchén, entre Cholul y Sitpach, donde, asegura, presenció cosas extrañas.
En aquella época, Kancabchén era como muchas otras haciendas. Su marido trabajaba chapeando, cortando pencas y tendiendo sosquil de henequén; ella, además de las labores del hogar, corchaba hilo para vender.
Recuerda que en la hacienda, que hoy está abandonada y tiene fama de embrujada, vio al Uay Chivo y a la X’tabay.
La noche que vio a la X’tabay regresaba de una novena junto con su hija Ada. “Cuando la vi que estaba viniendo por donde yo estaba corrí para entrar a mi casa. Me asusté mucho”.
Otra noche, relata, estando en su casa con su marido y sus hijas durmiendo, escuchó frente a su casa pasos como de caballo o chivo. “Puch, puch, puch decía, los perros empezaron a ladrar y cerca de mi casa se calló y solo se escuchaba su quejido”.
Magdalena Cen no supo si era el Uay Chivo, pues por el miedo no se atrevió a salir de su casa, pero sí está segura de que era un brujo.
Los vecinos dijeron que vino desde Sitpach o Santa María Chi y que tenía una herida, pues en todo el camino dejó un rastro de sangre, que los guió hasta Chichí Suárez. “Era un señor, él era el brujo”.
“Antes había muchos brujos, hoy gracias a Dios no hay”, dice la centenaria, tras recordar que en Kacabchén vivió hasta que el dueño vendió el lugar. Para entonces ya había tenido cuatro hijas: Adalberta, Asunción, María Isabel y Fidelia. “Mi marido me dijo: ‘dónde vamos a ir así’ y fue entonces que venimos a Cholul”. En Cholul nacieron sus otras dos hijas, Beatriz y Esther.
La situación era difícil, no había para comer ni para darle a sus hijas. “Había una mata de ciruela que se cundía y yo hacía puch las ciruelas para sacarles su jugo y lo ponía en su biberón de mis hijas para que tomen, no había otra cosa”.
Su situación empezó a cambiar cuando su esposo comenzó a vender leña, hacer desyerbo o cortar pencas; ella criaba gallinas y pavos, que luego vendía en Mérida. “Así buscábamos que comer”.— Iván Canul Ek
Festejada Más detalles
Magdalena Cen Canché cumplió cien años hace unos días, rodeada de su familia:
Familia
Tronco de una familia numerosa que incluye seis hijas (la mayor falleció hace un año), 35 nietos, 83 bisnietos y 85 tataranietos, Magdalena Cen celebró su onomástico el domingo en su casa.
Festejo
La fiesta comenzó en la mañana con tamales, chilaquiles y yogur, entre otros alimentos, y continuó al mediodía con un tradicional relleno negro. “Todo lo trajeron mis hijas, yo no hice nada porque soy pobre”, dice la festejada, quien debido a su edad ya casi no sale de su casa, pero está feliz de tener muchos nietos.
